Muere a los 73 años El Pescaílla, inventor de la rumba española y marido de Lola Flores

El guitarrista falleció ayer en su casa madrileña de El Lerele acompañado por su hija Rosario

Antonio González Batista, El Pescaílla, murió ayer en Madrid a los 73 años. Nacido en Barcelona en 1926, estaba considerado el creador de la rumba española, aunque la fama le vino por vía interpuesta: González fue marido de Lola Flores durante 38 años y padre de Lolita, Antonio y Rosario, quienes adoptaron el apellido materno para su carrera artística. El guitarrista no se recuperó de las muertes, casi simultáneas, de su mujer y su hijo en 1995. González, que sufría una enfermedad hepática y había sido operado de un cáncer hace un par de años, falleció hacia las 7.30. Con él estaba su hija Rosario.

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El luto y las lágrimas volvieron ayer a El Lerele, la casa familiar de los González-Flores, situada en la lujosa urbanización madrileña de La Moraleja, donde en mayo de 1995 murieron Lola y Antonio Flores con un intervalo de apenas 15 días.Según contaban en el tanatorio los amigos de la familia, esas muertes rompieron el alma de El Pescaílla, que ya no levantó cabeza. Sobre todo la de su hijo fue especialmente traumática para él, que desde entonces vivía con gran ansiedad cada fecha del cumpleaños de Antonio. Mañana, 14 de octubre, hubiera cumplido 38 años.

La hija mayor, Lolita, muy afectada pero bastante serena, llegó al mediodía a su casa desde Barcelona, donde había asistido a la entrega de los premios Ondas. Poco después partió junto a su hermana Rosario y su amiga Mariola Orellana hacia el tanatorio de la M-30.

Artista de artistas

Poca gente lo sabía, pero Antonio González fue el gran precursor de la rumba en España. Su discreción natural hizo que, una vez casado con la torrencial Lola Flores (la boda se celebró el 27 de octubre de 1957 en la capilla del Valle de los Caídos), se conformara con quedarse en la sombra, ser un artista para artistas. Y son estos, precisamente, los que más han conocido su talento como guitarrista y cantante dotado de un donaire muy especial.El primero fue Manolo Caracol, que lo vio actuar en los tablaos madrileños y lo captó para el célebre cuadro que formó con La Faraona. Luego, Bambino, Peret, Manzanita, Los Chunguitos o Los Chichos han considerado a González como el inventor de la rumba catalana, esa forma desenfadada y rítmica del flamenco que ha sido, con mucha diferencia, el género que ha logrado más éxito popular.

El Pescaílla rara vez compuso temas, aunque en la SGAE figura como autor de la música y la letra de dos canciones. Su fuerte eran las versiones. Durante sus viajes por América, en las largas giras con Lola, se fijaba en las canciones, se las aprendía en el idioma original y luego las metía por rumbas. A su forma. Cualquier cosa le valía, desde Frank Sinatra (es histórica, por ejemplo, su versión de Strangers in the night, que luego cantaron Los Manolos), Vinicius de Moraes o Carlos Gardel.

En los círculos flamencos siempre se le vio como un gran intérprete de cantes ligero, y ayer se elogiaba su excepcional condición humana, su honradez y su generosidad espléndida: era capaz de alegrar cualquier juerga y de rematarla invitando a todo el mundo a su casa por la mañana. El guitarrista Juan Habichuela destacó que El Pescaílla era un gran ejemplo de gitano bueno.

El bailaor Eduardo Serrano, El Güito, que conoció a González, cuando tenía 15 años, compartió muchas noches con él en la Pagoda Gitana de Marbella, tablao propiedad de Jarrito, y fuera de allí. "Era un hombre buenísimo con una personalidad grande, aunque siempre se quedó en ese segundo plano. En rumba fue el gran creador: metía las canciones americanas en español y se inventó la rumba catalana".

"Era más flamenco que Peret, más nuestro, y le gustaba dar gloria bendita a todo el mundo", añade Serrano. "Hacía unas paellas bárbaras, y como guitarrista era bueno, pero como rumbero era un fenómeno: la tocaba, la cantaba y la bailaba de muerte. Era un pedazo de artista, pero con ese gigante de mujer que tuvo, cualquiera se hubiera quedado atrás".

Una pequeña multitud de famosos acudió a dar el pésame a las hermanas Flores desde que se conoció la noticia. En El Lerele, donde se concentraban fotógrafos, cámaras y periodistas (de la prensa rosa y de la normal), se vio a algunos íntimos como Pastora Vega, Paquita Rico y Ana Villa, que fue mujer de Antonio Flores.

Lluvia y 'paparazzi'

En el tanatorio, a pesar de la incesante lluvia y del frío que sacudió ayer a la capital, no dejó de llegar gente. Fuera, una treintena de paparazzi montaba guardia a la caza de rostros conocidos. Dentro, la sala 6 estaba llena de humo, y abarrotada. Las dos hijas de Lola Flores, ojerosas y vestidas de negro, saludaban a los amigos, fumaban y lloraban o estaban serenas, según el momento. También estaba Toñi, hija mayor de Antonio González, fruto de un matrimonio gitano previo al de Lola.Carmen Ordóñez era una de las más compungidas y se abrazó llorando largamente a Lolita; la familia Habichuela casi al completo, con los tres miembros de Ketama incluidos; Imanol Arias, Maribel Sanz, Pedro Almodóvar, Remedios Amaya, Peret, Malú, La Polaca, Juan Imedio y un largo etcétera acudieron a despedir al artista. De allí saldrá hoy, a las 10.00 horas, el cortejo fúnebre. El Pescaílla será enterrado en el panteón familiar de la Almudena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 12 de noviembre de 1999.

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