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"En el club trabajamos muy a gusto"

Medio centener de mujeres de entre 20 a 40 años viven y trabajan en el club Los Castillos, en Humanes, abierto hace más de un año. Sólo un 10% son españolas. Abundan las chicas nigerianas, brasileñas y jóvenes de países del Este con el pelo teñido de rubio y los ojos púrpuras. Las chicas comienzan a trabajar a las seis de la tarde. La jornada laboral puede acabar al alba del día siguiente.

En contra del infierno que padecían, según el relato ofrecido ayer por la la policía, varias chicas confesaron sin impedimentos que están muy satisfechas de lo que hacen: "Aquí nadie nos maltrata. Trabajamos muy a gusto. Vienen muchos clientes y hay trabajo para todas".

Las mujeres se encuentran con los clientes en la barra del hotel, en la primera planta. Allí, según los empleados del local, las consumiciones cuestan entre 1.300 pesetas y 8.000 pesetas.

Las prostitutas miman a los clientes para subir con ellos a alguna de las 31 habitaciones del hotel. "Cobramos 10.000 pesetas por un servicio mínimo. Si se cambian las sábanas, se pagan 2.500 pesetas y luego hay otros servicios como masajes y baños, que aumentan la cuenta. Todo se paga por adelantado y con tarjeta", relató una de las mujeres.

"Aquí no se retiene a nadie, el trato es estupendo y maravilloso para todas", aclaró otra de las mujeres. "Venimos y vamos cuando queremos y vivimos muy bien", agregó.

Otro de los servicios que ofrece el club Los Castillos es el traslado a domicilio de las mujeres: "Eso sale más caro. Pero casi siempre se sale con clientes fijos".

Una ecuatoriana explicó que había llegado a Expaña con el visado para un mes. "Vine porque me lo comentó una amiga y por ahora me va bien. Espero poder seguir trabajando mucho tiempo". Esta mujer se negó a comentar cuánto ganaba al día. "Eso no te lo voy a decir; unos días mucho y otros poco".

De las 40 mujeres que trabajan en el local, 22 fueron arrestadas por la policía por carecer de documentos oficiales para residir en España. Siete eran brasileñas, tres ecuatorianas, tres de Sierra Leona, dos colombianas, dos rusas, una dominicana, una cubana, una checa, una ucrania y una nigeriana.

Los sellos de entrada estampados en los pasaportes de dos brasileñas habían sido supuestamente manipulados. Sus titulares, Jocimara Lucía de S. V. y Rosalina de G. M., fueron acusadas de un delito de falsedad documental.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999