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Saramago desvela que Amália Rodrigues dio dinero a los comunistas

El premio Nobel afirma que sus aportaciones duraron varios años

La cantante Amália Rodrigues, identificada como la voz del régimen salazarista, ayudó económicamente al Partido Comunista Portugués (PCP)en la clandestinidad. El escritor José Saramago, militante comunista, confirmó ayer en Bilbao que la cantante de fado hizo llegar dinero a través de intermediarios "al enemigo del régimen". "No digo que sea una progresista, pero objetivamente fue eso", señaló el premio Nobel de Literatura.

Saramago desveló el apoyo económico de la cantante al PCP en los años de la dictadura al responder el miércoles a preguntas de la prensa francesa en París. El secretario general de los comunistas portugueses puntualizó ayer que las aportaciones de Amália Rodrigues llegaron a la caja del partido varios años y fueron registradas, pero no quiso detallar las cantidades, argumentando que el PCP nunca divulga el origen de las ayudas que recibe."La realidad es más compleja", señaló Saramago antes de hablar de la identificación con el salazarismo que la cantante portuguesa ha arrastrado hasta su muerte y que se tradujo también en una relación difícil con la izquierda portuguesa. "Es cierto que apareció a los ojos del mundo como que vivía en paz con la situación política de entonces, pero por intermediación de otras personas hizo llegar dinero [al PCP] por años en la clandestinidad".

El premio Nobel afirmó que "vale la pena" levantar la etiqueta de salazarista de la figura de Amália Rodrigues. "No digo que sea una progresista, pero objetivamente fue eso", añadió al referirse a la entrega de dinero a los comunistas durante la dictadura. "El régimen se aprovechaba de ella. Esa nujer hizo llegar dinero al enemigo del régimen".

Saramago quiso distanciarse de las personas que a la muerte de la cantante repitieron que era "la embajadora de su país" o "la voz de Portugal", como hizo el ex presidente y eurodiputado socialista Mario Soares. "Lo que cuenta es que era una gran cantante, una voz que calla", destacó, tras afirmar que ni le gusta el fado ni lo considera la canción nacional portuguesa.

Próxima obra

Después de un año saturado de compromisos vinculados a la concesión del Premio Nobel de Literatura, Saramago anunció ayer que a finales de noviembre pondrá fin a todas las actividades que le han apartado de la escritura.El anuncio de la concesión del Nobel le sorprendió con una nueva novela recién comenzada, que desde entonces espera a "que pase el chaparrón". El escritor se atrevió a fijar la fecha de aparición de su próxima obra: si cumple con la media de dedicar ocho o nueve meses a cada novela, el 8 de octubre del 2000 estará editada, al menos en Portugal, justo dos años después de que la Academia Sueca le otorgara el galardón. "Si Günter Grass va a tener tanto trabajo como yo, lo siento por él. Va a sufrir muchísimo", afirmó.

Saramago dudó por un momento si responder a un periodista que se interesó por su opinión sobre las críticas lanzadas contra él por el escritor Gabriel Cabrera Infante. "Ningún médico ha dicho en público que un colega es malo", ironizó. "Los escritores no se matan unos a otros, porque no pueden, y Cabrera Infante es uno de los que mata más; con la palabra, claro. ¿Para qué tiene que hablar? Parece el Vaticano", señaló, en alusión a las notas de crítica de sus obras hechas públicas por Roma tras la publicación de algunas de sus obras y la concesión del Nobel. No entró, sin embargo, a valorar directamente los méritos literarios del escritor cubano. "Ojalá tenga alguna vez el Premio Nobel y pueda decir lo que pienso de la obra de Cabrera Infante", añadió pausadamente. Saramago aprovechó para recordar su forma de aunar la literatura y el compromiso político, alejándose del panfleto. "Creo en las personas comprometidas, no en la literatura comprometida", explicó. "Muchas malas obras se han escrito por la preocupación de ponerlas al servicio de algo. Lo que uno es, se nota", concluyó el escritor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 1999