El alcalde que montó a sus vecinos en un autobús
Carlos Brull, al frente de Falset (Tarragona), fletó un autocar para que los paisanos llegaran a sus destinos ante la crisis de Rodalies


Falset, en Tarragona, tiene 3.000 vecinos. En medio de una comarca vinícola, la de El Priorat, esta población está a 30 kilómetros de Reus y le presta servicio la línea R15 de Media Distancia. Aparentemente alejada de muchas cosas, muy cerca para otras: por ejemplo, sufrir las crisis derivada por el parón de trenes en Cataluña. De ahí que su alcalde, Carles Brull (de una marca de la órbita de ERC), optara este domingo por fletar un autocar que garantice la movilidad de sus habitantes con las ciudades de su provincia y de Barcelona. “No sé si está en mis competencias o no. Pero es que esto no puede ser así”, asegura por vía telefónica.
“Llevamos seis días sin trenes”, explica Brull. Por esa estación pasan seis trenes al día en dirección Barcelona-Riba-roja d’Ebre. “Estos días ha funcionado el autobús que conecta con Reus, pero los domingos no circula”, agrega. Ante la situación, ha aprovechado que en el pueblo hay una empresa de trasportes, Autocares Domènech, para contratar un servicio especial este domingo. El autobús, con una veintena de pasajeros, ha salido de Falset a las seis de la tarde y tiene paradas en Reus, Tarragona y la Estación de Sants. El pasaje, ha agregado, está formado mayoritariamente por estudiantes. “Están en plenos exámenes”, ha recordado.
“Llevamos tiempo pidiendo que se solucionen los problemas de la R15”, recuerda el alcalde. Esta línea es la reina de las incidencias. 508 en los últimos tres años, según datos obtenidos por este diario a través de la Ley de Transparencia. “Cuando se habla del despoblamiento, se debería tener en cuenta que son precisamente asuntos como la falta de fiabilidad en el transporte lo que resta atractivo a vivir en comarcas como la nuestra. Hace falta inversión y mantenimiento”, insiste.
Pero no todos los pasajeros afectados han tenido tanta suerte buscando alternativas. De hecho, en la gran mayoría de los casos han tenido que luchar con la incomodidad de tener que cambiar sus planes de viaje; con el enfado de encontrarse con una derivación a servicios de autobús ya existentes, pero sin un refuerzo para satisfacer la emergencia; y, finalmente, el de tener que pagar por el viaje, pues en varios casos los vehículos no tenían las máquinas para los abonos de transporte. Más lento, más pesado, más caro. Todos los ojos están pendientes en la jornada de este lunes, pero muchos temen otro día de caos.
Una de las pocas líneas que contó con refuerzos fue la que conecta con el Maresme. Abdel, de 45 años, que se bajó del autobús de Moventis a media mañana del domingo en la Plaza Tetuán, estaba moderadamente enfadado. Había logrado llegar a Barcelona para atender una reunión familiar, pero había perdido parte de la mañana: sabía del cierre, fue a la estación de Mataró pensando que, como en otras ocasiones, allí estaría el tren que presta el servicio alternativo cuando hay cierres. No era así y le tocó caminar los 10 minutos hasta el centro, donde tiene la estación el tren que usualmente conecta las dos comarcas. “Había unas 100 personas haciendo cola, he tenido que esperar un poco”, explicó.
“Hace tiempo que me cambié al autobús. Depender de la Renfe [como muchos catalanes se refieren a los Cercanías] para llegar a los sitios es imposible”, agrega Clara, otra pasajera del mismo tren de Mataró. El trayecto tarda unos 30 minutos y cuesta hasta seis euros. La estudiante de Farmacia explica que, si bien el tren venía más lleno que de costumbre para un fin de semana y ha tenido que hacer cola, el servicio ha funcionado bien. La empresa operadora puso ocho frecuencias más que un domingo regular.
En otros sitios no todo funcionaba dentro de la normalidad. En la estación de Fabra i Puig, a la salida de la Avenida Meridiana de la capital catalana, había más caos. Los viajeros se encontraron allí con que el único servicio alternativo señalizado era el que estaba programado por los trabajos de desdoblamiento de la línea en La Garriga. Para el resto, la información era deficiente y se limitaba generalmente a poner al día a los viajeros de la situación de la red, más que a mostrarles posibles soluciones.
“Esto es una yincana. Los autobuses que se ofrecen no siguen el recorrido de la línea suspendida. No van los abonos de transporte y has de pagar los trayectos”, se quejó Marina, que con sus dos hijos buscaba como llegar a Ripollet. La queja por tener que asumir el coste adicional de los viajes fue frecuente. Por un lado, porque los planes alternativos de movilidad dependían de líneas que ya operan, no en unas de sustitución. En otros casos, los vehículos de refuerzos no tenían máquinas. Con todo, desde Rodalies explican que se han de guardar todos esos billetes para solicitar posteriormente el reembolso.
En las grandes estaciones, como Sants, la situación fue mucho más tranquila. Aparte de los pocos despistados que desconocían la falta de servicio ferroviario, los mayores afectados han sido quienes llegaban del AVE. Solo en algún momento, en las pantallas vacías aparecía unos pocos segundos la programación de trenes de Rodalies para la tarde. La alta velocidad absorbió mucha parte de los viajeros a Lleida y Tarragona. Sin embargo, Renfe no aumentó las plazas de estos.
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