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La OCU alerta sobre la posible toxicidad de las latas de conservas

Los conserveros aseguran que no hay motivo de alarma

Un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha detectado la presencia de sustancias potencialmente tóxicas y de otras cuyos efectos sobre la salud se desconocen, procedentes ambas de los barnices que recubren el interior de las latas en determinados tipos de conservas.Así lo denunció ayer el portavoz de la OCU, José María Múgica, quien acusó a las autoridades y a la industria conservera de "irresponsables" por no respetar el principio de precaución, según el cual, una sustancia que esté en contacto con los alimentos no debe ser utilizada hasta que sea demostrada su inocuidad.

Según explicó Múgica, en el caso concreto de las conservas, los barnices BADGE y BFDGE, empleados para evitar la corrosión del metal de la lata, pueden liberar sustancias "potencialmente peligrosas para la salud" a los alimentos. Incluso su facilidad para degradarse y reaccionar en contacto con otras sustancias puede producirse una vez que se encuentran en el organismo del consumidor.

El BADGE, que está prohibido en Suiza desde 1996, está autorizado en la Unión Europea (UE) en concentraciones inferiores a un miligramo por kilo de producto debido, según Múgica, a su "baja toxicidad". Por lo que se refiere al BFDGE, el portavoz de la OCU subrayó que "no aparece en las listas de productos permitidos, porque no hay estudios que sirvan para determinar su inocuidad". Múgica denunció que un 14% de las conservas analizadas (77 muestras en total) por la OCU en España registraba cantidades inaceptables de BADGE (esta organización situó el máximo en 0,5 miligramos por kilo) y que en el 65% de las mismas fue detectada la presencia de BFDGE.

Por su parte, el secretario general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas, Juan Manuel Vieites, señaló ayer que las conservas españolas cumplen "rigurosamente" la legislación vigente tanto en la calidad de sus productos como en sus medios de conservación por lo que "no hay razón alguna para alarmarse".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de septiembre de 1999