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El BCE reconoce el impacto del aumento del crudo en la inflación, pero afirma que no durará

La inquietud por la subida del precio del crudo ha entrado de lleno en el Banco Central Europeo (BCE). Su presidente, Wim Duisenberg, tras reconocer que la inflación -uno de los criterios mejor cuidados para la convergencia-, sufrirá un impacto negativo por ello, subrayó no obstante que su incidencia "no será duradera". Mientras tanto, el Gobierno español estudia congelar el impuesto sobre carburantes con el fin de frenar los efectos inflacionistas. Precisamente el Ejecutivo ha reconocido que será necesarios revisar el objetivo de inflación previsto (1,8%) hasta una cifra superior al 2%.

El presidente del BCE, que intervino en unas jornadas celebradas en Zurich (Suiza), subrayó que deberán tenerse en cuenta los efectos a corto plazo sobre los precios al consumo de la subida de los precios del petróleo, así como los tipos de cambio. Duisenberg advirtió de que "el riesgo de inflación ha aumentado" y que será necesario observar atentamente la evolución de los indicadores de la masa monetaria y del crédito en los próximos meses. Pero quiso quitar hierro a la evidente amenaza que para la inflación de la zona euro es la subida del crudo, al añadir que el impacto que sufrirá "no será duradero". Para Duisenberg, la depreciación real que ha tenido el euro frente a otras monedas desde enero a septiembre (ayer cotizó a menos de 1,04 dólares frente a 1,166 con que comenzó) ha contribuido al incremento de las importaciones calculadas en euros, pero que, en base a los datos disponibles, "las perspectivas para el mantenimiento de los precios se mantienen favorables".

El máximo responsable del BCE recalcó que desde enero, cuando se introdujo la moneda única, el Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA) se ha mantenido en el 1%, o sea dentro de la "estabilidad de precios". A pesar del optimismo de Duisenberg, la preocupación por los efectos inflacionistas de la subida de los carburantes es un hecho. Ayer el barril de crudo se tomó un respiro en su escalada y cotizó a 22,50 dólares, un precio que no obstante sigue siendo muy preocupante para que se cumplan los objetivos del BCE.

Ayer fuentes del Ministerio de Economía reconocieron esta inquietud y añadieron que estudian la congelación del impuesto de hidrocarburos para el próximo año 2000. La decisión, calificada "de probable" por esas fuentes, se tomará en los próximos días cuando se den los últimos retoques a los Presupuestos Generales para el año 2000. En el año 1999 el impuesto de hidrocarburos subió el 1,8% (la inflación prevista) mientras que el resto de los productos gravados con impuestos especiales como el tabaco y el alcohol se congelaron.

El impuesto representa más de la mitad de los ingresos por impuestos especiales (en el año 1999 suponen 1,4 billones de los 2,4 de impuestos especiales). La buena marcha de la economía y el tirón del consumo hacen que hasta final de julio pasado los ingresos por impuestos especiales hayan aumentado el 8,7%, casi el doble del 4,7% de aumento previsto por los Presupuestos. Hasta julio el impuesto de hidrocarburos ha recaudado 849.000 millones, con un aumento del 7,5%. El impuesto es un tributo fijo no proporcional. Por cada litro de gasolina sin plomo de 95 octanos, el Estado ingresa 61,8 pesetas, suba o baje en el precio al público. Esta cantidad es de 69,4 pesetas por cada litro de gasolina de 98 octanos y de 44,9 por cada litro de gasóleo. A la suma de esos dos factores (impuesto más precio antes de impuestos) se añade un IVA del 16%.

Los operadores de productos petrolíferos ven "muy positiva" una congelación del impuesto para el 2000 porque "enfriaría el alza de los precios de los carburantes. Las organizaciones de consumidores (CECU, OCU y UCE) han elevado sus protestas por el aumento de los precios de los carburantes. Las protestas han llevado, incluso, a que el Servicio de Defensa de la Competencia pusiera en marcha una investigación sobre si hay concertación de precios por parte de las principales operadoras del sector (Repsol, Cepsa y BP). Esta inquietud,que también comparten los transportistas, ha motivado que el próximo día 15 se celebre una cumbre nacional de los consumidores de productos petrolíferos.

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