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La Interpol reclama a España la detención y extradición de mil delincuentes extranjeros

Un grupo operativo creado por Interior intentará localizarlos en las costas mediterráneas

España es el paraíso del turismo, pero también el oasis de la delincuencia internacional. La Interpol, Organización Internacional de Policía Criminal, que agrupa a 176 países, reclama a España la búsqueda, detención y extradición de mil delincuentes extranjeros de los que se sospecha que se ocultan en este territorio. La mayoría pertenece a la Unión Europea y recala en las zonas costeras españolas. Se les persigue por delitos contra las personas y contra la propiedad, también por tráfico de estupefacientes y terrorismo. La Interpol española ha creado una brigada para detenerlos.

La oficina de Interpol en España, situada en el gigantesco complejo policial del barrio madrileño de Canillas, parece un remanso de paz. Por la tarde, el silencio es sepulcral y sólo se oye la trifulca nupcial de dos patos que corretean por el jardín. Nadie diría que en los sótanos de este moderno e inmaculado edificio blanco se encierran 324.000 expedientes de delincuentes buscados por casi todos los países del planeta.Pero el silencio que se disfruta en esta sede policial es compatible con la actividad desenfrenada con la que trabajan los 45 hombres y mujeres adscritos a este servicio policial, creado en 1929 por Pedro Bazán Esteban, entonces director general de Seguridad. En aquella época se recibían 40 comunicaciones diarias en clave y se perseguía a "marxistas, anarquistas y separatistas".

Hoy, a la oficina española llegan 400 mensajes diarios que le remiten los asociados y ninguna comunicación puede ser de carácter político, religioso, racial o militar. En 1998 entraron 75.667 mensajes y salieron 58.950. Los agentes tienen una edad media de 30 años, hablan varios idiomas y son trotamundos atados a un ordenador portátil.

Mensajes de índice rojo

El 24 de mayo de 1988, Pasquale Cuntrera, de 64 años, un conocido mafioso italiano, paseaba por el centro de Fuengirola (Málaga). Huía de la policía de medio mundo y, como muchos otros peces gordos de esa especie en auge llamada delincuencia internacional, vino a la Costa del Sol atraído por las raíces que la Cosa Nostra ha echado allí.Cuntrera (no confundir con Felice Cultrera, un supuesto mafioso ligado a Jesús Gil) permaneció recluido durante 30 días en su apartamento malagueño, pero al final no pudo resistir la tentación de salir a tomar el sol apoyado en su bastón. Semanas antes de su paseo, en la sexta planta del edificio blanco de Interpol, en Madrid, se había recibido una reclamación de índice rojo de las autoridades italianas. Índice rojo es igual a detención para extradición. Una agente española del grupo de Interpol, que hacía guardia en el bungaló del mafioso, se lo cruzó paseando y lo detuvo con pasmosa naturalidad.

España es uno de los principales países en recibir reclamaciones de índice rojo, como la que llevó a Cuntrera a la cárcel. En la actualidad, un millar de delincuentes extranjeros están reclamados por la central de Interpol en Lyón (Francia) a España ante la sospecha fundada de que se han refugiado en este país. Desde 1989, las reclamaciones han sido más de 5.000, pero se archivan conforme prescriben los delitos.

Mariano Simancas, de 46 años, comisario y director de Interpol España, explica así las razones de una cifra tan elevada: "El clima, nuestras costas, la oferta turística, con una entrada anual de más de 60 millones de personas, y la situación geográfica son polos de atracción para la delincuencia. La desaparición de fronteras facilita la movilidad. Hoy, ir de Viena a Madrid es lo mismo que viajar por los pueblos de España. No hay control".

Simancas destaca que los mil delincuentes reclamados a España para su detención y extradición no son un censo estable. "Vienen y van. No es fácil dar con todos ellos. Además, tenemos que priorizar y atender a las reclamaciones más urgentes".

Las estadísticas son una prueba de la dificultad que implica localizar a un perseguido por Interpol. Luis Roldán permaneció huido 11 meses pese a que su ficha de color rojo estaba en poder de 176 países de todo el mundo. Su colaborador Francisco Paesa, que simuló su muerte mediante la inserción de una esquela en EL PAÍS, ha batido el récord de su amigo y lleva 12 meses desaparecido. Pesan sobre él dos órdenes rojas de búsqueda y captura. Una de Suiza y otra de España. Antonio Anglés, el presunto asesino de las niñas de Alcàsser (Valencia) continúa fugado. Pero otros tienen menos suerte. Entre 1994 y 1998, Interpol detuvo en España a 1.067 delincuentes reclamados por otros países.

La Interpol española quiere sacudirse la aplastante burocracia que conlleva un servicio como éste, en el que se recibe tal avalancha de información. A las secciones de cooperación policial y judicial, en las que se tramitan los procedimientos de extradicción y comisiones rogatorias de los juzgados (465 extranjeras y 226 españolas durante 1998), se añadirá una sección operativa.

En septiembre comenzará a trabajar un grupo de acción compuesto por 10 agentes especiales, cuya misión va a ser el rastreo y la detención de los mil delincuentes que la Interpol reclama a España y de los 227 que España reclama a Interpol. "Queremos ser más operativos. Los alemanes e italianos tienen secciones operativas, en las que nos inspiraremos. Esto no quita para que sigamos teniendo una gran carga administrativa", dice Simancas, un policía que ha estado destinado 10 años en las embajadas de España en Holanda y Alemania.

Pese a la autocrítica, los datos demuestran que la Interpol española es muy activa. Las reclamaciones españolas son casi la mitad de las que todos los países piden a España. En total, 432 reclamaciones, 227 de índice rojo (detención para extradición), 144 negras (cadáveres sin identificar), 33 amarillas (desaparecidos y menores) y 28 azules (delincuentes de interés). Detrás de Italia, España es el país europeo que más reclamaciones tramita hacia otros asociados.

Los 176 asociados a Interpol tienen vigentes 8.309 reclamaciones en todo el planeta, incluida Eritrea, que entrará proximamente en el club. Salvo Afganistán y varias islas, casi todos los países pertenecen a esta organización, sólo superada por las Naciones Unidas, que tiene 183 miembros.

A las nueve de la noche, la mayoría de los funcionarios del edificio de la Interpol española acaban su jornada. En la sexta planta una agente permanece de guardia por si un fax de cualquier parte del planeta informa de la llegada de un criminal a España. Los peces gordos, como Cuntrera, entran a las cálidas aguas españolas en cualquier momento. Los pescadores no bajan la guardia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 1999