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CARTAS AL DIRECTOR

Me han echado de mi barrio

Sí, señores "intelectuales" y propietarios de bares de copas, ustedes. Me han echado de mi casa. Estaba situada en una zona maravillosa, en el barrio de las Letras, también llamado de las Huertas, donde vivieron Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, etcétera.Me gustaba mi barrio, sus casas, mi casa, sus gentes. Pero no podía dormir, el ruido de los bares me lo impedía. Fíjense qué cosa tan simple, ¡no podía dormir! Durante los últimos cuatro años he intentado solucionarlo; al principio hablaba con los propietarios de los bares "generadores de cultura" y les pedía que cerrasen la puerta del "centro cultural" y bajaran la música. Ante tal petición, me miraban con cara de asombro, consideraban que debía ser una vecina "carca" e intolerante con su importante labor social.

Poco a poco fui conociendo a más vecinos "carcas" que compartían mi intolerancia. Una de ellas estaba embarazada, y ante el miedo de ponerse de parto durante las noches de los fines de semana y no poder salir del barrio al estar bloqueado por la concentración de coches, decidió, junto con el padre de la futura criatura, irse a pernoctar a un hotel fuera del barrio.

Otra, más viejecita, me contaba que dormía en una colchoneta en el pasillo de su casa y que éste coincidía con la escalera del edificio, donde se sentían menos las vibraciones de las "actuaciones culturales" (creo que está escribiendo un manual de supervivencia).

Persona a persona, fui conociendo a gran parte de los vecinos de mi maravilloso barrio. Hasta que un día topé con la Asociación de Vecinos del Barrio de las Letras. Creía que por fin había encontrado la solución (la unión hace la fuerza), eran más de 300 asociados.

Pensaba que todas nuestras denuncias individuales se podían juntar y recuperaríamos nuestro barrio, nuestras tiendas, nuestro descanso.

Pero no fue así. Al poco tiempo, el presidente de la asociación tiraba la toalla, se marchaba a vivir a otro barrio menos intelectual, pero nos dejaba la antorcha.

Sí, señores, he participado como miembro de la junta directiva de la asociación en plenos de la junta de distrito, he tenido múltiples reuniones con concejales del PP, del PSOE y de IU, y con delegados del Gobierno; he presentado denuncias ante el Defensor del Pueblo, ante la Fiscalía de Medio Ambiente, etcétera. Todos nos escuchaban, se solidarizaban, pero todo siguió igual.

Sí, señores, he perdido la batalla, mi casa y mi maravilloso barrio. Reconozco que la presión "cultural" ha sido tan fuerte que me exilio. Únicamente me consuela que mis antiguos vecinos y amigos son más fuertes que yo. Han ampliado su organización de lucha creando una plataforma contra el ruido de muchos, muchos barrios maravillosos.

Ah, me gusta el cine, el teatro, la música, y no soy de la liga antialcohólica

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de agosto de 1999