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Editorial:

Irán revienta

EL TAPÓN del miedo y las frustraciones ha saltado. Como la pólvora, la revuelta estudiantil desatada en Teherán ha empezado a extenderse a otras ciudades y a otros sectores de la población. Dos años después de que la arrolladora victoria del moderado Mohamed Jatamí en las elecciones presidenciales despertara tantas ilusiones, los estudiantes han mostrado su exasperación ante la lentitud de las reformas y los intentos de dar marcha atrás. No es un peculiar mayo del sesenta y ocho a la iraní. Es una rebelión que comenzó después de algunos intentos involucionistas, como el que la semana pasada costó el cierre al influyente diario Salam, islamista moderado y próximo al presidente. Las protestas llevaron a la policía, controlada por el clero shií, a cargar el pasado jueves contra los estudiantes de unos colegios mayores. Desde entonces, las manifestaciones han ido in crescendo, con varios muertos. Muestra de que tanto los conservadores como los reformistas temen perder el control de la situación es que los estudiantes han conseguido la destitución de dos altos mandos policiales responsables de la represión. Ayer, mientras seguían las cargas contra los estudiantes, que no se amedrentaban, Jatamí y, en una de sus raras apariciones, el ayatolá Alí Jamenei -líder supremo espiritual y constitucional de Irán- coincidieron en las apelaciones a la calma y en las críticas a los que ejercieron la brutal represión del jueves. El régimen, de cuyo seno partió el año pasado una campaña de asesinatos de intelectuales disidentes, teme que estas manifestaciones acaben provocando una ola contrarrevolucionaria por parte de una población que en sus tres cuartas partes no vivió los sucesos de 1979.

En este pulso a tres entre conservadores, reformistas y estudiantes, los dos últimos grupos están más próximos, aunque Jatamí intenta mantenerse en un difícil equilibrismo entre los estudiantes y los clérigos. Éstos controlan las fuerzas de seguridad, cuya responsabilidad los estudiantes desean que sea traspasada al Ministerio del Interior, encabezado por un hombre afín al presidente. Las protestas se pueden encauzar, pero difícilmente detener sin cambios políticos. Cabe esperar que la violencia no se dispare ni lleve a un Tiananmen iraní. El genio de las libertades ha salido de la botella y será difícil que vuelva a ella. Es lo que exigen, veinte años después de la revolución que encabezó Jomeini, los jóvenes que no conocieron el régimen del sha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de julio de 1999