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¿A quién le importan los huesos?

Desde que empezó la búsqueda de los restos mortales de Velázquez, a principios de mayo, una verdadera fiebre sobre este asunto ha estallado en Madrid. Documentos oficiales de la época atestiguan que el pintor sevillano fue enterrado en 1660 en la iglesia de San Juan, en la plaza de Ramales, derribada por José Bonaparte entre 1809 y 1811. Pero, el hallazgo casual de una momia en el convento de San Plácido abrió una nueva vía en la investigación. Los expertos del Ministerio de Cultura y de la Consejería de Educación están dispuestos a todo para encontrar la solución a este misterio: por ejemplo, rehidratar con glicerina los dedos de la momia para obtener sus huellas dactilares, moler parte de un hueso del cadáver para determinar si contiene restos de plomo o analizar un pequeño fragmento de cabello cano supuestamente perteneciente al pintor. Mientras, los admiradores del famoso artista empiezan a apasionarse por esta búsqueda detectivesca. Los turistas que participaron el viernes pasado en la visita guiada por el Madrid de Velázquez se mostraron muy interesados en conocer la verdad sobre el último destino del pintor. El debate acerca de la ubicación de su tumba surgió cuando Esther, la guía, enseñó a su grupo las excavaciones en la plaza de Ramales. "Desde hace dos meses se buscan aquí los restos de Velázquez con las técnicas más modernas", explicó a su curioso auditorio. "En vez de excavar a ciegas, los arqueólogos usan ultrasonidos y escáneres", aseguró muy convencida.

Muchos visitantes tienen su propia teoría. Algunos se declaran seguros de que la momia de San Plácido corresponde efectivamente al cuerpo del artista. "Lo han encontrado junto a una mujer y tenía la cruz de Santiago", observa una señora que parece informada. "Estoy convencida de que se trata de Velázquez. Y, además, lo han dicho en la radio", concluye.

Para otros, el éxito de la investigación es lo de menos. "No creo que sea importante encontrar a Velázquez", afirma Federico. "Sobre todo si la búsqueda la está pagando el Ayuntamiento" . En esto coincide Consuelo, que añade: "Buscar el cuerpo del pintor me parece bastante barroco. Es como cuando se buscaban los restos de Cristo o de los santos: es de lo más necrófilo".

Tampoco Esther considera esencial que se descubra el lugar exacto donde se enterró al autor de Las meninas. "A mí personalmente me da igual", declara. "Creo que esta búsqueda tiene que ver con el carácter de los españoles, que hacemos de la muerte un rito, como con los toros". "En todo caso", concluye, "no creo que el cuerpo se encuentre en Ramales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de julio de 1999