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Crítica:FLAMENCO

Generaciones y experiencias

Estrella tiene 18 años; Chano, 71. Dos extremos. Seguramente los dos más significativos a un nivel de arte superior. Porque Estrella Morente es una cantaora que da mucho que hablar. Está ya dando mucho que hablar. Por la integridad de su concepto del cante, por la bondad de sus propuestas, porque el sonido de su voz es auténtica música celestial, un milagro de equilibrio y sensibilidad. Oyendo a Estrella Morente pienso que sus inicios en el arte profesional deben ser muy difíciles. No sólo por ser hija de quien es -lo que le exige más que a cualquier otro-, sino también por los problemas en la elección de repertorios y tendencias. Por ahora lo está sabiendo hacer con bastante acierto. Su cante no es ortodoxo puro y duro, pero se mantiene próxima a él introduciendo sólo unos acentos personales casi siempre afortunados.

Veranos de la villa

Cante: Estrella Morente y Chano Lobato. Toque: El Paquete y Juan Habichuela. Conde Duque, Madrid, 2 julio

Es cante muy cerebral, por supuesto, muy racionalizado. Pero de un raro encanto en temas como esa bellísima nana pastoril que Estrella hace con frecuencia o las bulerías marcheneras de Los cuatro muleros. En estilos de mayor dificultad expresiva, la cantaora dio la talla con autoridad. Sus granaínas -con el acompañamiento del maestro Habichuela- fueron extraordinarias, hasta jondura tuvieron. Por siguiriyas dio un entendimiento profundísimo al palo, como debe ser, lamentablemente roto al final, en el terrible cante del señor Manuel Molina, que Estrella no pudo, o no supo, rematar como es debido.

Estas pequeñas cosas son las que denuncian la falta de recursos y de experiencia profesionales de jóvenes artistas. El no terminar los cantes, por ejemplo, un vicio en el que hoy caen buen número de flamencos, jóvenes y viejos. No es el caso de Chano Lobato, que puede estar en mejor o peor forma, pero a quien le sobran recursos para salir airoso de cualquier problema.

La experiencia es un grado, desde luego, como suele decirse. Yo creo que es más, que la experiencia representa muchos grados en el logro del triunfo. Chano Lobato y Juan Habichuela fueron de nuevo esos artistas sabios que resuelven un espectáculo con sólo su presencia. Su arte, su enorme arte, se da por descontado. Esta noche, por añadidura, tuvieron buen cuidado también de mimar y arropar con sus atenciones a la joven cantaora que alternaba con ellos. Una lección más de arte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 1999

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