A su aire
Estos simpáticos "mayores" trianeros -alrededor de 435 años entre los seis, sin contar las incorporaciones de menos edad- se han encontrado con el éxito ya talluditos, y me imagino que ni ellos mismos contaban con él. Pero su segundo disco les ha valido uno de platino, y no paran de trabajar.Ellos encantados de la vida, y el público también, aunque lo que se les ofrece sea bastante modesto. En realidad nunca fueron artistas de campanillas, y ahora menos puesto que la falta de facultades propias de la edad se añade a sus carencias de siempre. Cuplé arriba y cuplé abajo, por tangos o por bulerías, con voces precarias que entran y salen cuando quieren de la guitarra, y con unos desmayados pasos de baile, completan una hora y cinco minutos de concierto entre aplausos y ovaciones de la audiencia.
Triana pura
Centro Cultural de la Villa. Madrid, 6 de mayo
Esperanza la del Maera, la más veterana del grupo, ha acuñado una especie de eslogan que no pierde oportunidad de repetir: "Hay que vivir la vida, que para dormir nos quedan ciclos". Y después de cantar el Probecito Miguel jaleados por la sala, se van tan contentos. Pero el arte de Triana no es esto -o no es sólo esto-, sino algo mucho más grande y hermoso, y conviene recordarlo pese a la simpatía que un grupo así puede inspirarnos.


























































