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GUERRA EN YUGOSLAVIA. Las repercusiones

Rumania busca su integración en la OTAN y la Unión Europea

Rumania considera que su política de cooperación con la OTAN en la intervención contra Belgrado se basa en razones de interés nacional y regional balcánico, y supone una posición irreversible, cuyo objetivo debe ser la democratización de la vecina Yugoslavia y la desaparición de su líder, Slobodan Milosevic. Rumania está satisfecha con lo logrado en la cumbre de la OTAN en Washington porque allí ha quedado claro que es, con Eslovenia, el primer país que ingresará en la Alianza.

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Bucarest considera una oportunidad histórica para toda la región el proyecto de desarrollo global propuesto en Washington y que se entiende en Rumania como una nueva versión del Plan Marshall, que impulsó el desarrollo de Alemania federal y Europa occidental después de la II Guerra Mundial y consolidó las instituciones y los valores democráticos. Mientras esto sucede, en medios políticos de Bucarest se insiste en que la intervención contra Belgrado es justificada e imprescindible, y el Gobierno rumano la apoyará en la medida de sus posibilidades y pese a los serios reveses que el conflicto impone a su economía. "No hay solución a la crisis de los Balcanes mientras siga en el poder Milosevic. Esta zona de Europa tiene que lograr una homogeneidad en la democracia y en la economía de mercado para prosperar, abrirse e integrarse en Europa. Y esto excluye absolutamente la existencia de dictaduras, sistemas de partido único y sociedades cerradas", manifestó ayer el secretario de Estado de Asuntos Exteriores rumano, Mihai-Razvan Ungureanu.

En la clase política rumana parece existir plena coincidencia en que los los grandes objetivos de estabilidad y prosperidad, en el marco de una integración regional y europea, no pueden lograrse plenamente mientras en su frontera occidental subsista un régimen como el de Milosevic. "Estaremos muy contentos de poder cooperar cuanto antes con un nuevo equipo de Gobierno en Serbia y Yugoslavia que esté decidido a poner fin a esta política demencial y quiera llevar a su pueblo hacia Europa", señala Cornel Codita, director del Centro Superior de Estudios Políticos y Administrativos y asesor del Ministerio de Defensa rumano. "Nosotros sabemos -en referencia a Nicolae Ceausescu, derrocado en diciembre de 1989- lo que es un dictador al que nada le importa el sufrimiento de su gente con tal de mantenerse en el poder. Necesitamos una Yugoslavia democrática y abierta porque es nuestro camino natural hacia Occidente, hacia la Europa en la que tenemos la irrevocable decisión de integrarnos", insiste.

Pruebas de solvencia

Después de muchos años perdidos por la permanencia en el poder del aparato comunista que sobrevivió al levantamiento contra Ceausescu en 1989, Rumania ha cumplido en tres años algunos de los objetivos más acuciantes para su plena integración en la OTAN y en la Unión Europea (UE). La primera de ellas era la estabilidad interna y el fortalecimiento de las instituciones. El fracaso de las revueltas mineras durante este invierno ha sido la prueba de fuego que deja atrás un periodo de turbulencias en el que distintas fuerzas antirreformistas ponían en duda la legitimidad de las instituciones. Por otra parte, la disposición del actual Gobierno a la integración plena en la OTAN y en la UE está ya fuera de dudas incluso para los más escépticos observadores en los organismos financieros y políticos internacionales. La apertura del espacio aéreo rumano a los aviones de la OTAN, aprobado, al igual que por Albania, es sólo una de las medidas en este sentido ante la crisis de Kosovo. Por primera vez está claro que Rumania antepone sus intereses a largo plazo, la integración en los organismos europeos y atlánticos, a sus posibilidades de acceder a recursos por medio del comercio con Serbia. Durante la guerra en Croacia y Bosnia, Rumania fue una de las principales plataformas para la violación del embargo contra Belgrado. Ahora, sus autoridades están decididas a no permitir que suceda lo mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de abril de 1999