Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La Catedral Vieja de Vitoria da el primer paso para su definitiva restauración

Han sido cinco años de reposo para un edificio secular que se encontraba al borde del derrumbe. Desde hoy, la catedral de Santa María, en Vitoria, vuelve a abrir sus puertas, aunque sea temporalmente (hasta el 30 de mayo), para que los alaveses y, por extensión, todo aquel que esté interesado en la rehabilitación de un edificio histórico, puedan disfrutar de un itinerario por siete siglos de recuerdos y memoria. La visita, amenizada con la exposición Entre clérigos, soldados y mercaderes, recorre lugares poco conocidos del templo.

La catedral de Santa María de Vitoria abre las puertas al público sin que se haya iniciado su rehabilitación a fondo. El interesado podrá disfrutar, sin embargo, de la belleza de un templo que comenzó siendo fortaleza, se consolidó en el estilo gótico, y sufrió sucesivas intervenciones que parchearon las deficiencias de un templo que requería una profunda reforma. De informar sobre esta necesidad se encargan los 36 paneles explicativos que resumen las apreciaciones del Plan Director para la Restauración de la Catedral de Santa María, en el que han colaborado más de 60 especialistas provenientes de diferentes disciplinas, agrupados en 25 equipos de trabajo. La que en un principio iba a ser una iglesia fortaleza, la también llamada Catedral Vieja de Vitoria, guarda buena muestra de aquella primera intención. Así se percibe cuando se pasea por el llamado paso de ronda, estrecho corredor que rodea el ábside del templo y cuya construcción obedece a aquel objetivo defensivo con el que nació, adosado a las murallas de la ciudad. Por él andaban en su tiempo los soldados de los distintos señores que tuvo Vitoria, cuando la catedral no sólo era un espacio dedicado al culto, sino un lugar de encuentro de la ciudadanía que habitaba tras las murallas. Víctima de las modas La catedral, ubicada en un lugar propenso a las disfunciones estructurales, tuvo que pagar el capricho de las modas. Al menos, así se explica la construcción del triforio, ese pasillo estrecho que recorre el perímetro del templo sobre los arcos de las naves y que está abierto al interior con sucesivos ventanales. En su tiempo, era un signo de distinción que, sin embargo, le costó bien caro a la catedral de Santa María. Según señalan los expertos encargados de la redacción del citado plan director, el triforio se realizó abriendo los muros maestros, lo que llevó al debilitamiento de la estructura principal de la catedral. Ninguna de las más de 120 intervenciones que ha sufrido la catedral de Santa María a lo largo de su historia (18 en este último siglo) ha podido dar fin a este deterioro. Y esto es lo que pretende la Diputación Foral de Álava, principal impulsora del plan director, que requiere la colaboración interinstitucional para poder afrontar los 4.000 millones de presupuesto. De momento, el Ayuntamiento de Vitoria se ha comprometido a aportar 100 millones al año.

Entre clérigos, soldados y mercaderes

La exposición Entre clérigos, soldados y mercaderes estará abierta hasta el 30 de mayo en horario de 10.00 a 14.00, y 16.00 a 20.00, en días laborables; y de 10.00 a 14.00, y 17.00 a 20.00, en festivos y fines de semana. Los interesados podrán acudir por su cuenta o mediante visita concertada (tras llamar al 945 25 35 00). Esta opción es interesante si se quiere recorrer el paso de ronda y el triforio, auténticos esqueletos de la catedral, que muestran las grandezas, miserias y entresijos de la construcción del edificio representativo, por excelencia, de una ciudad. Entre las curiosidades arquitectónicas y constructivas se encuentran las investigaciones arqueológicas de los cimientos que ofrecen una muestra de los enterramientos que se ha hallado bajo la planta románica (hay que tener en cuenta que, desde el siglo XIV, se permite la inhumación bajo las iglesias). No sólo esto, sino que a partir de estas excavaciones, en las que se han encontrado 32 monedas de tiempos de Alfonso X, se ha podido confirmar la fecha de principios del siglo XIII para los primeros pasos en la construcción del templo. Y el visitante también podrá apreciar pequeños detalles como el cambio en la decoración de las ventanas del triforio: así, se puede observar cómo en un momento dado la escasez presupuestaria lleva a interrumpir el vaciado de los adornos en los rosetones, quedándose a medias en uno de ellos el adorno correspondiente. Aunque lo más impresionante es sin duda la percepción directa del deterioro de la catedral: la combadura de uno de los pasillos que recorre el ábside, la deformación de los arcos ojivales o las grietas que salpican los muros principales del templo. Un deterioro que, si se pone en marcha con el presupuesto necesario, prevé resolver el plan director.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de febrero de 1999

Más información