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CARTAS AL DIRECTOR

Haití

En un artículo firmado por el escritor Mario Vargas Llosa y publicado el pasado domingo, La frontera (entre la República Dominicana y la República de Haití), el autor, ensalzando los méritos y los progresos que los vecinos dominicanos realizaron en los últimos años -nadie en Haití lo niega-, no ha dejado escapar la oportunidad para menospreciar a los haitianos. En contraste a la República Dominicana, que "es un país que mejora, Haití es un miserable país que empeora sin tregua sumiendo a su desdichada humanidad cada día más en un infierno de hambre, desempleo, violencia y desesperación".Resulta difícil imaginar que alguien como Vargas Llosa pueda asestar gratuitamente tantas puñaladas a un país pobre, a su gente y sus dirigentes.

El señor Vargas Llosa, desde su "comodidad londinense", no conoce la muy compleja realidad de mi país. Es cierto que estamos viviendo una situación de crisis que va agravando los problemas heredados y generando otros más; que hace empeorar la situación socioeconómica de las poblaciones más desprotegidas. Pero es cierto que estamos luchando día a día para intentar estructurar un Estado democrático de derecho negado al pueblo haitiano durante casi dos siglos. Negar todo esto a los dirigentes haitianos para compararlos con Cedras o Duvalier es simplemente no ser objetivo; ni siquiera como debe ser, informar bien a los "perfectos idiotas". Desde el 15 de octubre de 1994, fecha de retorno de Jean-Bertrand Aristide a Haití y, por consiguiente, el retorno al orden constitucional, se ha sustituido

el Ejército por un cuerpo de policía; se han organizado elecciones parlamentarias, municipales, locales y presidenciales bajo la supervisión internacional; se han emprendido reformas económicas para el duro ajuste presupuestario con las debidas consecuencias (privatizaciones, despidos de familias, manifestaciones populares, etcétera); todo ello, evidentemente, con la ayuda de la comunidad internacional, pero con pocos recursos nacionales y, sobre todo, sin experiencia política y democrática.Lamento discrepar del señor Vargas Llosa. Somos pobres, pero con dignidad inherente a cualquier pueblo. No somos miserables, "ni jodidos". Es demasiado fácil destruir con palabras a un pequeño país con unos dirigentes sin recursos para hacer lobbying y vender su imagen. Señor Vargas Llosa, sabe perfectamente que en las relaciones públicas internacionales sólo hay dos vías: la de los lobbies, que se pueden comprar, y de la diplomacia, que se mueve como él sabe. Por eso, sólo le pido respeto hacia este pueblo pobre, miserable para usted, pero digno y, sobre todo, precursor de la libertad en América Latina.- . Encargado de Negocios. Embajada de la República de Haití. .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de febrero de 1999