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BOGOTÁ

¿Se dice toros bobalicones?

Tarde tibia y silencio en memoria de miles de víctimas que dejó un terremoto. Crespones negros en los trajes. Toros negro azabache, con pitones fuertes, armazón de roca y pezuñas de seda. Pero ¿se dice bobalicones? Sin transmitir esa sensación de borrasca que abrasa los tendidos, iban y venían: unos con mayores dificultades que otros por su falta de fuerza o su mirada desde las alturas. Algunos mordían la arena al salir de varas. Hay que anotarlo: luego de un viaje a través del Atlántico que supone algo más de 24 horas dentro de una caja, lo que parece de roca se ablanda. Pero, aun así, la tarde fue agradable para una gente que quería diluir el sabor de la tragedia.Nelson Segura es un colombiano para Madrid, Sevilla o Pamplona. Se llevó el mejor lote, y con el primero, lleno de bondad, escribió una página a base de párrafos profundos. Pero no la firmó, que es como dejarla inédita a pesar de las ovaciones. Con el segundo, complicado, realizó una faena importante, llena de temple. A ésa sí le estampó la rúbrica y le dieron una oreja. El público pedía las dos. Ponce tuvo un primer toro bronco, sin humillar ni entregarse, pero superó la falta de clase con arte. Todavía deben escucharse las palmas. Mató pronto, sepultando el acero en aquello que llaman gollete, y le dieron una oreja. El segundo se defendía. Él se distanció y logró hacerlo venir una y otra y otra vez. Nuevamente la espada golletera. Otra oreja.

Toros de Pedro Gutiérrez Moya, bien presentados, carentes de fuerza

Nelson Segura: tres pinchazos y estocada (saludos); estocada (oreja). Enrique Ponce: estocada defectuosa (oreja); estocada defectuosa (oreja). José Tomás: los tres avisos y el toro es devuelto al corral (silencio); pinchazo y estocada (saludos). Plaza de Santamaría, 31 de enero. Tres cuartos de entrada.

Es una pena que Bogotá aún no sepa quién es José Tomás, porque no le embistieron los toros. A su primero, lo que le faltó en fuerza lo superó en genio, y como por querer agradar escribió más párrafos de los que necesitaba para redondear el clímax, escuchó tres veces la trompeta. En su segundo se repitió la historia, pero ahora había brisa. Saludó desde el tercio. Sin embargo, la gente tenía al final una sonrisa.

Toros incinerados

Las autoridades colombianas han decidido que después de cada corrida los toros españoles sean incinerados y que los apéndices cortados les sean entregados a una autoridad sanitaria, en previsión de que pudieran ser portadores de enfermedades. Y que aun los bueyes de las plazas también sean quemados una vez finalicen las temporadas de Bogotá y Medellín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 1999