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Juan Pablo II condena en Estados Unidos la crueldad de la pena de muerte

Las impresionantes medidas de seguridad y el escaso interés de los ciudadanos fueron ayer la tónica de la última jornada de la visita del Papa a San Luis, en Missouri. Nada de esto desalentó a Karol Wojtyla, que concluyó este sexto viaje a EE UU con un discurso moral, pronunciado ante el vicepresidente estadounidense, Al Gore, en el que recordó a la única superpotencia del mundo que "poder es responsabilidad y no privilegio". Horas antes, el Pontífice había hecho un vigoroso alegato contra la pena de muerte ante los 70.000 fieles que acudieron a la misa en el Trans World Dome.

Missouri es uno de los 39 estados de la unión donde existe la pena capital. De hecho, la visita del Papa ha retrasado dos semanas la ejecución de un reo, Darrell Mease, convicto de varios asesinatos. Juan Pablo II pronunció con dificultad, interrumpido por varios ataques de tos, sus dos últimos discursos en tierra americana. Eran dos textos centrados en el "acontecimiento decisivo" que a juicio de Karol Wojtyla es el paso al Tercer Milenio.En este contexto, el Pontífice se dirigió a los entusiastas católicos que llenaban, sin abarrotarlo, el Trans World Dome, para señalarles la importancia de la nueva evangelización basada en una posición "incondicionalmente pro-vida" de los cristianos, que pasa por el reforzamiento de la familia como "pilar vital de toda la sociedad". El Papa reclamó la necesidad de "renovar los matrimonios cristianos", en un país donde el divorcio es muy habitual.

Pena de muerte y racismo

En la sobria plataforma sobre la que estaba colocado el altar, acompañaba a Wojtyla una amplia representación de la jerarquía católica del país, que cuenta con once cardenales pese a la relativamente modesta grey de este país. Juan Pablo II abordó otro de los temas sensibles para la comunidad católica estadounidense, el de la pena de muerte."Es un signo de esperanza", dijo el Pontífice, "el creciente reconocimiento de que la dignidad de la vida humana no debe ser nunca arrebatada, ni siquiera en el caso de los que han hecho un mal enorme. La sociedad moderna cuenta con los medios para protegerse a sí misma, sin necesidad de negar a los delincuentes la oportunidad de rehabilitarse". Por ello, Wojtyla volvió a pedir a los cristianos, como hiciera las pasadas Navidades y el sábado 25 de enero en Ciudad de México, que trabajen para llegar a un consenso "que ponga fin a la pena de muerte, que es además de cruel, innecesaria". Las estadísticas señalan que en torno al 70% de los estadounidenses están a favor de la pena capital. Wojtyla pidió también, en esta ciudad que el siglo pasado defendió con particular ardor la esclavitud, "que se ponga fin a cualquier clase de racismo, una plaga que", dijo, "vuestros propios obispos han denominado como uno de los más destructivos y persistentes males de esta nación".

En la plegaria de la tarde, celebrada en la basílica-catedral de San Luis, -ciudad fundada por los franceses hace 300 años, pese a las pocas huellas arquitectónicas de ese pasado- el Papa se enfrentó a una audiencia formada, básicamente por religiosos (con representantes de otras religiones) y autoridades, entre ellas, el vicepresidente Al Gore y su mujer. Un momento idóneo para reflexionar sobre el estado del mundo en vísperas de ese Tercer Milenio en el que "debido a radicales cambios en la política mundial", los EEUU están llamados a aumentar todavía más su protagonismo frente al resto de las naciones. En el avión que le llevaba a Ciudad de México hace cinco días, el Papa ya se refirió al hecho, - "no se si es bueno o no", dijo entonces- de esta omnipresencia. Ayer se limitó a señalar la importancia objetiva de América y la importancia de que el ejemplo que de al mundo esta gran nación sea "genuinamente libre, democrático y humano".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de enero de 1999

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