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"Es justicia social, no caridad"

Las leyes no dejan otra opción. Todos los menores tienen derecho a la asistencia sanitaria. Sea cual sea su situación legal;sean españoles o no. Pero eso, a Eduardo (nombre ficticio) nadie se lo dijo. El chaval, de 15 años e hijo de una guineana, carece de tarjeta de residencia. El año pasado ingresó en el hospital La Paz por la vía de urgencia. Sus riñones estaban a punto de estallar. Fue operado, guardó cama, revivió con el suero y, al cabo del tiempo, reunió las fuerzas suficientes para recibir el alta clínica. Pero no acababa ahí el tratamiento. Para controlar su estado y evitar recaídas, el adolescente debía recibir medicamentos y una asistencia continuada en un centro del Insalud. Eduardo, sin embargo, fue rechazado por carecer de cartilla sanitaria. Es decir, por ser inmigrante ilegal. De nada le sirvió, pese a todas las leyes, su condición de menor. Esta es el caso que. a modo de ejemplo cuenta María Teresa Benítez, jefa del Programa de Atención al Niño en Situación de Riesgo del Ayuntamiento de Madrid. Pero sus historias, vividas en el día a día de la asistencia a niños inmigrantes sin papeles, no mueren en un solo caso. "Hace un año hubo una epidemia de gripe . Nuestro pediatra estaba de vacaciones. El resultado es que dos lactantes, hijos de indocumentados, fallecieron. Uno se pregunta por qué. ¿Es que acaso los padres no deberían haber acudido, como cualquier otro niño, al Insalud? ¿Por qué no fueron? Lo cierto es que a estos niños no se les atiende como al resto. Y nosotros debemos hacernos cargo de ellos y darles, por ejemplo, medicamentos", afirma Benítez, quien clama contra la burocracia que convierte el paso de los inmigrantes por el Insalud en un infierno burocrático.Algo que, a juicio del fiscal coordinador de Menores de Madrid, Félix Pantoja, debe ser remediado en menos de un mes. "El Insalud no sólo tiene obligación legal de atenderles en las urgencias también debe proporcionarles una cartilla de la seguridad que les asegure una asistencia continuada. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de los niños más desvalidos. Es una cuestión de justicia social, no de caridad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de enero de 1999