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Carmen Pinteño lleva a Granada su personal visión pictórica sobre Lorca La pintora muestra la influencia de Almería en el poeta

Federico García Lorca, sus personajes y los lugares que se le quedaron grabados en la memoria durante los años de su infancia que vivió en Almería son el eje central sobre el que gira la exposición de la pintora Carmen Pinteño, que puede contemplarse hasta el próximo 10 de enero en el Hospital Real de Granada. La muestra, denominada Lorca y su obra, es según el ex rector de la Universidad Complutense de Madrid Gustavo Villapalos "una aproximación pictórica y colorista" al poeta.

La presencia de Almería en la obra de Lorca tiene su acento más marcado en Bodas de sangre, pieza estrenada en 1932 y para la que el poeta se inspiró en el relato de un crimen cometido en 1928 en la localidad de Níjar. García Lorca, además, solía referirse a los campos de esa zona almeriense para invocar la imagen de dureza de los paisajes. "Contemplar a Lorca en color a través de sus personajes literarios, plasmados sobre la tela de un cuadro es, desde luego, una novedad" según afirma Rafael Lázaro, director del Instituto de Estudios Almerienses (IEA), organizador de la muestra junto a la Universidad de Granada. La exposición, que ya fue presentada en Almería el pasado mes de agosto, cuando se cumplía el 62º aniversario del asesinato del poeta granadino en una cuneta desconocida entre los pueblos de Víznar y Alfacar, pretende sumarse, según los organizadores, a todos los actos conmemorativos del centenario de Lorca. La muestra podrá visitarse diariamente de 10 a 14 horas y entre las cinco a las ocho de la tarde, excepto los sábados, que será por la mañana solamente. Para el montaje, Carmen Pinteño se dedicó a estudiar todos los libros del poeta granadino con el objeto de hacer una interpretación absolutamente personal. Por su influencia almeriense, Bodas de sangre es la obra que mayores referencias tiene, con 13 óleos, aunque también hay cuadros inspirados en Doña Rosita la soltera, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, La casa de Bernarda Alba o Yerma. Según el poeta y escritor Julio Alfredo Egea, Carmen Pinteño, "fiel traductora de luces, humanizadora de luces, con la magia y la sabiduría de su quehacer, ha calado en los personajes lorquianos y sus circunstancias, en el trasfondo de peripecias anecdóticas y en la sutileza de guiños". Federico García Lorca no es en absoluto ajeno al mundo de la pintura. Él mismo fue en vida un dibujante de extraordinaria calidad que, animado por Salvador Dalí, llegó a exponer en Barcelona a finales de los años veinte con un gran éxito de crítica y público. También ha sido objeto de numerosos homenajes en pintores como Manuel Ángeles Ortiz, José Caballero o el mismo Dalí, que lo representó obsesivamente en su obra a lo largo de toda su carrera. La apuesta de Carmen Pinteño viene, sobre todo, por hacer referencia a los paisajes y los personajes que Lorca creó en sus poemas y sus obras de teatro, tema al que pocos pintores han hecho referencia en sus lienzos sobre el autor de Poeta en Nueva York. Otros artistas No es la de Carmen Pinteño la única exposición pictórica que se exhibe en Granada que gira en torno al escritor de Fuente Vaqueros. El pintor Guinovart exhibe, en el Palacio de la Madraza, frente a la Capilla Real, su obra Lorca, un homenaje íntimo y poético que ha sido organizado por el secretariado de extensión cultural de la Universidad de Granada. También la creadora Teresa Almagro muestra, en la Corrala de Santiago, en el barrio del Realejo, la exposición Oquedades y otros momentos, en la que presenta decenas de obras relacionadas sobre todo con los paisajes que pueden sugerir a Lorca: la tierra y los olivos, con predominios de los colores verde y plata, y grises y azules. Según los organizadores de esta muestra, Teresa Almagro revela "un universo pleno de fuerza, donde la mancha de tinta" termina por convertirse en "pura sugestión y poesía". Oquedades y otros momentos podrá contemplarse hasta el próximo día 24.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de diciembre de 1998