Ni rastro de la rubia "Barbie"

Ni rastro del musculoso Ken. Ni rastro de su amiguita Barbie. Su larga melena rubia de nylon ha sido sustituida por lana amarilla y sus pechos erguidos por el cartón de un rollo de papel higiénico. Y es que, aunque se trata de jugar, por una vez los niños han plantado cara al torpedeo comercial navideño y se han puesto a fabricar sus propios juguetes. Han necesitado, eso sí, la Ayuda de la Oficina Municipal de Información al Consumidor. Son los 180 escolares malagueños de entre ocho y 12 años del colegio malagueño Victoria Kent que han participado en un taller de consumo. el resultado no tiene nada que ver con una juguetería tradicional. Robots caseros de papel de plata, casitas de muñecas de cartón y hasta un Belén iconoclasta con un cartel que reza "Boda de José y María", a la que por cierto se le ha vestido de novia, llenarán las mesas del colegio público que hace las veces de sala de exposición en una muestra que finaliza hoy. "La idea es que los niños no se vayan a lo más caro ni a lo que más anuncian por la tele cuando tengan que pedir por Navidad", explica María Luisa Pérez, inspectora de consumo y una de las personas que ha organizado el taller. "Les dimos algunas directrices, como que se hicieran con material de deshecho, que fueran creativos y útiles, es decir, que pudieran jugar con ellos, y que no fueran ni sexistas ni bélicos". A pesar de estas normas tan estrictas un tanque pintado de camuflaje y un robot con cuerpo de mujer y de tamaño natural han pasado el control de esta inspectora. Carmen Nieves Ruiz, la artífice de la robota, le quería haber puesto un bolso y todo. "Pero no me dio tiempo", dice esta niña de 12 años. De todas formas puede estar satisfecha con el resultado: dos bolas de navidad adornan las orejas y al abrirle la barriga en vez de un robotito ofrece una caja -con una flor rosa en la tapa- repleta de caramelos. "La verdad es que los niños cuando ven lo que son capaces de hacer lo disfrutan más que un juguete comprado", exclama esperanzada Pérez. Disfrutarlo lo disfrutan, pero ninguno ha cortado las alas al deseo a la hora de escribir la cartas a los Reyes Magos. La de José Francisco Urdiales incluye una diana y un coche de marca impronunciable para bocas poco hechas al inglés. "Me gusta más hacer los juguetes que comprarlos", dice José Francisco mientras una de las monitoras del taller supervisa que su respuesta sea la correcta. "Pero también me gusta verlos en la tele", comenta una vez que ha superado la vigilancia de la monitora. El que ha fabricado él está francamente bien. "Es un robot tragabolas", dice. Y es más alto que él. "Lo hice con cajas que me encontré en los cubos de basura". El robot tragabolas competirá el próximo lunes con la robota por el primer premio al juguete más creativo en un concurso que va a poner fin a este taller de consumo. Lo van a tener difícil. También se presenta José David Romero, de once años, con un barco realizado con "latas de Coca-Cola, bandejas de carne, gel de baño azul para el agua y muñecos viejos". La imaginación de José David se disparó y pensó en hacer un juguete con olor a melocotón a base de suavizante de ropa. Pero los padres de este joven creador pusieron límites a tan desmesurada creatividad. Lo mismo le ocurrió a José Francisco cuando los suyos vieron que el robot era de tamaño natural. Y es que a veces es más fácil comprar que crear.

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