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El juez impone al marido de Ana Orantes 17 años de prisión, la máxima pena posible

La sentencia fija para José Parejo 24 meses de destierro del lugar en donde vivan sus hijos

La Audiencia de Granada condenó ayer a la pena de 17 años de prisión y a pagar una indemnización de 30 millones de pesetas a José Parejo Avivar, el hombre que asesinó a su mujer, Ana Orantes, quemándola viva en la puerta de su casa en Cúllar Vega (Granada). La sentencia, acorde con el veredicto de asesinato dictado por un jurado popular, impone la pena máxima que pedían tanto el fiscal como la acusación particular -que representaba a los hijos del matrimonio-, aunque admite una atenuante por haber confesado inmediatamente los hechos a las autoridades.

El presidente de la sala, el magistrado Eduardo Rodríguez Cano, sólo necesitó 24 horas para dictar la condena de 17 años, además de otros dos años de destierro de la localidad en la que residan los hijos de José Parejo una vez que éste haya salido de la cárcel. También el jurado popular, compuesto por nueve miembros elegidos entre 20, emitió su veredicto sólo un día después de finalizar el juicio. Se da la circunstancia de que ayer mismo se celebró una misa de funeral por Ana Orantes, ya que hoy se cumple el primer aniversario de su asesinato.

La sentencia considera como hechos probados que Parejo se encontró con Ana Orantes, la mujer con la que había convivido durante más de 40 años y a la que había sometido a un infierno de malos tratos y vejaciones, en la cancela de entrada de la casa que ambos compartían pese a estar ya separados. Aprovechando que ella se encontraba de espaldas, le arrojó un recipiente lleno de gasolina y le prendió fuego con un encendedor. Luego se entregó a la Guardia Civil.

El fallo contempla como atenuante el hecho de que Parejo se dirigió inmediatamente después del crimen a las autoridades, aunque impone la pena más alta pedida por las acusaciones. La solicitudes de condena oscilaban entre los 17 años del fiscal y la acusación particular -que representaba a los ocho hijos de Parejo y Ana Orantes- y los 15 años que solicitaba la defensa. Igualmente fija una indemnización de 30 millones para los hijos.

José Parejo, que el último día de la vista oral exigió para sí mismo la pena de muerte, no quiso, sin embargo, asistir el pasado martes a la lectura del veredicto del jurado que lo consideraba culpable del asesinato de Ana Orantes. Esto despertó aún más la rabia de los hijos del matrimonio, uno de los cuales, Francisco Javier, declaró a los medios de comunicación en ese momento: "Ya se sabía que era un cobarde".

Con la muerte de Ana Orantes, el 17 de diciembre del pasado año, terminaba una vida de malos tratos en el seno familiar. La mujer había acudido unas semanas antes de su asesinato a un programa de televisión en Canal Sur para relatar todas las vejaciones que había sufrido a manos de José Parejo.

La relación se había roto finalmente en 1996, cuando Ana Orantes decidió iniciar los trámites de separación de su marido, después de haberle denunciado en diferentes ocasiones sin resultados. La situación económica de la pareja hizo que tuvieran que compartir la casa.

La tensión en el matrimonio era tal, que uno de los hijos decidió construir en las ventanas de la planta baja -la que ocupaba Parejo- unas jaulas que posteriormente se vio obligado a retirar por la mediación del juez de paz de Cúllar Vega.

Televisión

Un día antes del asesinato, Parejo se entrevistó con el juez de paz, que lo había citado para notificarle una nueva denuncia que le obligaba a presentarse ante un juzgado de la localidad granadina de Santa Fe. Según los testimonios, se mostró muy nervioso e irritado por la aparición de su ex mujer en televisión. El juez de paz le sugirió que él también recurriera a la televisión para replicar, pero Parejo se negó a ello. Horas después, cometió el crimen. El juicio, celebrado la pasada semana en Granada, se ha llevado a cabo con notable celeridad y la sentencia se ha dictado con rapidez. El hecho de que la vista oral partiera del reconocimiento por parte del acusado de haber cometido el crimen, y que tuviera que dilucidarse tan sólo si había sido por enajenación mental, agilizó las sesiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de diciembre de 1998