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CARTAS AL DIRECTOR

La gran guerra de Louis Barthas

Entre el 16 y el 28 de abril de 1917 murieron en el Chemin des Dames alrededor de 147.000 soldados franceses gracias al empeño del general Georges Nivelle en demostrar a la humanidad que París bien vale una masacre. La sangre vertida por los proletarios de Francia en defensa de los valores indiscutibles de la grandeur fue, acaso, el único y dudoso honor derivado de sus órdenes, dictadas con la aquiescencia de los próceres de la francia más reaccionaria, y bendecidas por una prensa que aún creía en la culpabilidad de Dreyfuss. Mientras tanto, millones de soldados arrancados de sus casas resistían no sólo a los alemanes, sino también a las polillas y los piojos, al hambre, a los oficiales paranoicos, a la lluvia, a la escarcha, al hedor de los cadáveres podridos y al tufo a muerte que precedía a sucesivas e inútiles descargas contra los nidos enemigos atestados de ametralladoras.La memoria de la historia es la memoria de los hombres. Y por encima de los historiadores comprados y de los políticos inflamados se erigen los antihéroes agazapados en las trincheras. Uno de ellos fue socialista, creyente y pacifista: hasta 1914 se ganó la vida como tonelero. Su nombre: Louis Barthas. Llevado contra su voluntad al frente, sirvió durante cuatro años como caporal en primera línea. Sus impresiones sobre la guerra, escritas en 19 cuadernos de mano, han sido compiladas y publicadas en Francia bajo el título de Les carnets de guerre de Louis Barthas, tonnelier. 1914-1918. Barthas nos ha dejado testimonio de las tentativas de fraternidad entre soldados enemigos que saltaban por encima de las trincheras para abrazarse espontáneamente. El 1 de mayo de cada año de la gran guerra, los soldados franceses entonan la Internacional. Por doquier retrata la ineptitud de los oficiales, la corrupción de los mandos o la crueldad de un puñado de médicos que rechazan a los heridos de gravedad por considerarles pusilánimes. Como responsable de sus soldados, planta cara contra las órdenes estúpidas y es acusado por desobediencia: "Mi aspecto de poilu (barbudo) contrastaba con sus flamantes uniformes mientras era conducido a responder ante mis superiores, situados en elegantes palacios a resguardo del frente". Ojalá su impresionante testimonio sea traducido al castellano.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de diciembre de 1998