Itzhak Perlman, director
El gran violinista Itzhak Perlman, nacido en Tel Aviv el año 1945, es un músico completo. Su personalidad y su saber impiden, ni siquiera en el lenguaje provisional del comentario periodístico, separar al artista de pensamiento hondo del inmenso virtuoso. Como director de obras barrocas y clásicas se produce con igual talento y superior estilo. Me parece todo un acierto el programa presentado el jueves por las Juventudes Musicales de Madrid, hecho de autores célebres y obras poco frecuentadas, salvo el Concierto en la menor de Bach. Perlman y la English Chamber Orchestra lo desentrañaron en un proceso de refinada depuración. Sonó entonces el genial artesano y el humanista sabio que trasciende de toda la obra de Bach tan ejemplarmente en los géneros instrumentales, a lo profano, como en los religiosos, a lo divino.Protagonizó también Perlman una de esas deliciosas maravillas que animan el catálogo mozartiano: el Rondó en do mayor, K. 373, escrito para Antonio Brunetti. Desde la más aparente simplicidad, el ángel de Mozart aleteó sobre nosotros con la casi inexplicable belleza de su perfecta y continua cantabilidad.
Itzhak Perlman
Juventudes Musicales de Madrid. English Chamber Orchestra. Director y solista: I. Perlman. Obras de Bach, Mozart, Haydn y Schubert / Mahler. Auditorio Nacional de Música. Madrid, 12 de noviembre.
De Haydn tuvimos la Sinfonía en re mayor, número 57, de 1774, o sea, siete años anterior al Rondó de Mozart. Vitalidad, equilibrio, concepción y realización armoniosas y, todavía, una sujeción a las formas imperantes servida desde actitudes nunca serviles. Recordaba Stravinski cómo "Haydn nos enseña que ser completamente regular es estar completamente muerto". Y la música de Haydn vive y remonta el paso de los tiempos y la sucesión de las mudanzas.
Como final, otra acumulación de inspirada hermosura: la transcripción realizada por Mahler del cuarteto La muerte y la doncella, de Schubert. El grupo de excelentes profesores británicos aborda todo este repertorio con espíritu y extremada calidad, así como con una naturalidad tan verídica que se torna incisiva y conmovedora. Perlman gobierna todo como si enarbolase su Stradivarius a partir de un ánima de cámara verdaderamente admirable. El Auditorio se llenó de público y de entusiasmo.


























































