CATÁSTROFE EN CENTROAMÉRICA

La mayoría de las zonas afectadas en Nicaragua están inaccesibles para los equipos de rescate

Nicaragua vivió el lunes el día de difuntos más trágico de toda su historia. Más de 1.500 cadáveres habían sido recuperados por todo el país y 2.000 personas se daban por desaparecidas Pero la magnitud de la tragedia es incalculable: apenas se sabe lo que ha ocurrido en tres cuartas partes de las zonas afectadas, adonde la ayuda de emergencia todavía no ha conseguido llegar. A últimas horas del lunes, el vicepresidente Enrique Bolaños, rectificaba un trágico error de cálculo. "No eran 1.500 las personas que vivían en la falda del volcán Casitas. Eran 4.500".

Para agravar el problema, esa misma noche el volcán Casitas volvía a rugir y en su ladera norte -el deslizamiento del viernes ocurrió en la ladera suroeste-, se producía otro alud, aunque el Ejército informó de que había evacuado la zona horas antes.A medida que se restablecen las comunicaciones, aunque de forma muy lenta, la dimensión de la catástrofe se hace visible con la misma violencia con la que el huracán Mitch irrumpió en la región. Desde Waspán, a más de 600 kilómetros de caminos de lodo de Managua, en la ribera del río Coco, la frontera natural con Honduras, llegaba el testimonio de una cooperante italiana que contaba cómo cientos de cadáveres bajaban por las turbulentas aguas mientras una gran ola avanzaba, desbordando el cauce y arrasando con las más de 60 comunidades ribereñas, hacia el Atlántico.

En Managua, el lago Xolotlán se desbordó durante el fin de semana convirtiendo en un recuerdo los ribereños barrios de Manchester y Pescadores, dos de los más pobres de la ciudad. Además, la carretera que une la capital con el norte del país ha quedado convertida en un desagüe del Xolotlán y ya algunos ribereños sacan partido de la situación transportando en barcas a los viajeros al precio de dos córdobas (30 pesetas). En el municipio de San Juan de Limay, cerca de la frontera con Honduras, una comunidad entera esperaba ayer ser rescatada en la falda de un cerro, mientras el Ejército advertía del peligro serio de derrumbamientos en la zona. Las riadas han desenterrado y arrastrado unas 70.000 minas antipersonas, de las utilizadas por los militares durante los conflictos en la década pasada, advirtió un portavoz del Ejército ayer en Managua.

En Guatemala, cerca de 160 personas han perdido la vida tras seis días de intensas lluvias. Mientras en El Salvador las crifras oficiales apuntaban a 150 personas fallecidas por el huracán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 03 de noviembre de 1998.

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