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Editorial:

Inmune Pinochet

EL TRIBUNAL Supremo de Londres dictó ayer la mejor resolución que podían esperar los abogados de Augusto Pinochet. Su condición de jefe de Estado en ejercicio cuando se cometieron los crímenes que se le imputan le otorga plena inmunidad ante la justicia británica, según la resolución leída ayer. Contra ella cabe recurso ante la Cámara de los Lores, cuya presentación ha anticipado el fiscal del caso. El alto tribunal no ha entrado en el fondo de los delitos que el juez Garzón imputa a Pinochet desde Madrid, sino que se ha limitado a cubrir con el manto de la inmunidad diplomática todos los actos realizados por el ex dictador chileno en el ejercicio de una presidencia usurpada por un golpe de Estado. Salvo una nada probable rectificación en la instancia máxima del Reino Unido, Pinochet podrá recuperar su libertad y regresar a Chile en el avión de la Fuerza Aérea que le espera en el aeropuerto londinense. Muchos jefes o ex jefes de Estado acusados de variados crímenes dormirán hoy más tranquilos.El fallo será revisado por la más alta instancia judicial en el Reino Unido, los Lores del Derecho, los Law Lords, que en comisión en la Cámara alta forman el más alto tribunal de apelación en aquel país. Los jueces británicos se han apoyado en una discutible interpretación de la Convención de Viena de 1961 sobre Relaciones Diplomáticas, ignorando otras leyes que hubieran podido aplicarse al caso. De esta forma protegen a quien ejercía como jefe de Estado, responsable último de los crímenes, pero no a los ejecutores de más bajo rango, lo que pone de relieve dos raseros de la justicia internacional. Con esta interpretación, los Aliados no hubieran podido juzgar a Hitler en Núremberg en el caso de que lo hubieran llegado a capturar con vida. De haberlo sabido a tiempo, Pol Pot tal vez hubiera buscado refugio en Londres. Por lo demás, ¿qué sentido tiene el carácter imprescriptible del delito de genocidio si gozan de inmunidad -esto es, de impunidad- sus máximos responsables, casi siempre jefes de Estado? ¿Qué decir de la detención del general Noriega en Panamá, previa ocupación militar norteamericana? Cierto es que no era presidente, pero unos días antes se había autoproclamado jefe de Gobierno con la misma legitimidad que Pinochet en Chile, y sin tanta sangre.

No es ésta la jurisprudencia que permitirá avanzar en la creación de un Tribunal Penal Internacional permanente. A menos que los lores sorprendan a todos, Pinochet cuenta ya con la protección del privilegio diplomático. Sus abogados han ganado esta batalla legal en territorio británico contra su procesamiento por parte del juez Garzón y, previsiblemente, contra otras acusaciones que proliferan hoy en otros países. La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha de ver hoy el recurso del fiscal contra la competencia de los jueces españoles para investigar crímenes de las dictaduras argentina o chilena. Es una cuestión controvertida, pero el argumento de la Corte británica es el peor imaginable. Los máximos jefes estarían siempre a salvo, aunque no sus lacayos.

Por mucho que Pinochet siga a disposición de la justicia británica hasta que se estudie la apelación, el fallo de ayer ha sacado de apuros tanto al Gobierno británico como al español, que no parecían saber muy bien cómo sacarse de encima la patata caliente. Es incluso probable que la libertad de Pinochet evite problemas añadidos a la transición chilena. Pero ¡cómo olvidar sus crímenes y dejar sin amparo a las víctimas!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de octubre de 1998