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CARTAS AL DIRECTOR

Los niños de Brasil

Leo con asombro la noticia del pasado jueves 24 de septiembre donde una niña brasileña de 10 años, violada por dos vecinos de 65 y 52 años, ve paralizada una resolución judicial de aborto por un fiscal, señor C. Motta, que pretende con ello "defender encarecidamente y proteger la vida de la niña y de su hijo".Mi asombro no lo produce tanto la desgracia personal de la pequeña, ni tan siquiera el hecho en sí del posible aborto. Tragedias tales se sufren en cualquier rincón del mundo y, por desgracia, empezamos a perder la capacidad de asombro. Lo curioso del caso es que en ese mismo país miles de niños son explotados en fabulosas minas de oro; donde el respecto policial por la vida y los derechos humanos está por demostrar; donde miles de familias malviven aglutinadas en favelas construidas a la sombra de los altos edificios de justicia, hoteles y bancos, sin que nadie levante la voz por ellos ni menos por el futuro de sus hijos. Pero, eso sí, de vez en cuando ponemos la máquina a trabajar para salvar la vida de una niña violada y su bebé, que no su futuro, y de paso apaciguamos así molestos remordimientos. Nosotros, como el fiscal Motta, seguimos viendo la motta de paja en el ojo ajeno y no nos damos cuenta de la viga en el nuestro.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de septiembre de 1998