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Un rincón agreste y escarpado

El paisaje de montaña, muy accidentado y despoblado, que ofrece la comarca del Rincón de Ademuz en su superficie de 470 kilómetros cuadrados, solamente se dulcifica en la vega del río Turia y de sus afluentes, donde las huertas de hortalizas, los campos de manzanos y otros frutales permiten sacar un rendimiento adecuado a estas tierras duras y agrestes. Los campos de almendros también conquistan algunas laderas para ampliar el abanico de recursos agrícolas. La otra gran ocupación de estas gentes del Rincón es la ganadería y los animales de granja. En la parte oriental más quebrada de la comarca se encuentra el Pico Calderón, que con su altitud de 1.839 metros marca la cota más alta del relieve de la Comunidad Valenciana. Asimismo el pico de la Cruz de los Tres Reinos, de 1.552 metros, constituye una altura en la parte occidental que despierta la curiosidad de los excursionistas más expertos. En Ademuz el río Guadalaviar, procedente de las tierras turolenses de Albarración donde tiene su nacimiento, sufre una transformación de nombres para llamarse Blanco, por sus aguas transparentes, y luego Turia. Su cauce se va abriendo paso entre cadenas de montañas que le marcan el trazado posible para continuar su camino de aproximación al litoral. La sierra de Javalambre al este, los Montes Universales en el oeste y la sierra de Tortajada al sur establecen un cerco de alturas a su alrededor, que no le deja más opción que colarse por el mismo itinerario que sigue la carretera nacional para entrar completamente encajado por las tierras del municipio de Aras de Alpuente en la comarca de Los Serranos. Montañas y río fueron tiempo atrás una barrera física que impedía conectar directamente la comarca con la capital provincial y obligaba a ir por Teruel o por Utiel. Pero en los años 60 se construyó un monumental puente sobre el Turia, en el término municipal de Aras, apoyado en las dos paredes del gran desfiladero, y de este modo la carretera comarcal 234 unió definitivamente Valencia con Ademuz. La capital de Ademuz mantiene casi intacto el sabor y la atmósfera de los pueblos serranos. Construida sobre el cerro de los Zafranares, en la margen derecha del río, las calles estrechas y escalonadas, las casas con balcones y barandas de madera, subrayan el carácter rústico del lugar. La iglesia de San Pedro y San Pablo, construida en el siglo XVIII, posee un elevado campanario de planta cuadrangular. Entre sus piezas de mayor interés destaca la tabla dedicada a la Virgen de la Leche, atribuida a la escuela valenciana del siglo XIV. En la pintura llama la atención su original composición, ya que el niño hace un gesto de querer entretener a la Virgen con un ramillete de cerezas en su mano. Más sabor antiguo tiene la ermita románica de Nuestra Señora de la Huerta. Un porche sostenido sobre dos columnas de sólida piedra está recubierto, como el resto del ermitorio, por tejas árabes que le confieren un tono de mayor antigüedad y autenticidad. En el pórtico conserva una inscripción inspirada en el Corán escrita en caracteres hebreos, testimonio del tiempo en que convivieron en estas tierras las tres culturas, judía, árabe y cristiana. Esta joya arquitectónica, cuenta la tradición, la regaló el rey conquistador Jaime I a los vecinos de la comarca. La imagen completa del Rincón de Ademuz se adquiere visitando otras pequeñas poblaciones como Casas Bajas, Casas Altas y la Puebla de San Miguel. A este último pueblo no se accede directamente desde la cabecera comarcal, sino desde Aras de Alpuente y Losilla de Aras, a través de una intrincada carretera. Dista cuatro horas del Pico Calderón, al que se puede acceder por pistas forestales. En este itinerario es posible descubrir caprichosas sabinas que en la penumbra del atardecer parecen monstruos inmóviles.

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