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EUSKAL HERRIA ESCONDIDA

Argiñeta y la torre de Muntsaratz

Lo que es el corazón del Duranguesado aparece hoy mismo atravesado por la autopista A-8 y la Nacional 634 y, más que salpicado, inundado por un sinfín de fábricas y bloques de apartamentos que esconden de la mirada del visitante los restos de un pasado que se remonta a la prehistoria, sin olvidar los siglos de pertenencia del condado de Durango al reino navarro o las encarnizadas batallas entre oñacinos y gamboínos. Así, entre el humo de las industrias y el tráfico continuo de coches y camiones, el Duranguesado, además de los reconocidos cascos urbanos de Elorrio y Durango, todavía mantiene restos de un pasado misterioso (como la necrópolis de Argiñeta en Elorrio) y distinguido (como debió ser en los siglos XVI y XVII la torre de Muntsaratz en Abadiño). Ya sólo por la ubicación de su ermita, Argiñeta merece una visita delicada: rodeada de robles y alejada de ese mundanal ruido que tanto caracteriza el Duranguesado y el cercano valle guipuzcoano de Mondragón, al otro lado del Udalaitz, la ermita de San Adrián cuenta además con un atractivo que la hace única: a sus pies, se halla una de las necrópolis más interesante, y no exenta de misterio, de cuantas se han descubierto en el País Vasco. Son 21 las sepulturas de piedra que, dispuestas en forma de"U", conforman este particular camposanto, flanqueado por cuatro estelas circulares y una triangular. Cada sepulcro, de una sola pieza, se encuentra vaciado para alojar en él un cuerpo humano; este vaciado es en algunas ocasiones antropomorfo: se aprecia a la perfección el alojamiento de la cabeza, la cavidad se ensancha a la altura de los hombros, para ir estrechándose progresivamente según se llega a los pies. Y sobre esta cavidad monolítica se asienta la cubierta que tapa el cadáver, que encaja como anillo al dedo sobre el sepulcro. La única fecha que se conserva con seguridad de entre todas las inscripciones que aparecen en las lápidas es la de "DCCCCXXXI" que sería en la actualidad el año 893, después de que en el siglo XIV se ajustara el calendario. Tiempos oscuros en los que el cristianismo lleva ya 300 años instalado como religión oficial de los visigodos, desde que en el concilio de Toledo abjuraran de la herejía arriana. Pero en las tumbas de Argiñeta hay símbolos como el alfa y el omega que se utilizaron en aquellos momentos de cambio para significar la adscripción cristiana del fallecido. Los historiadores todavía se preguntan si esos signos quieren decir que hubiera seguidores del arrianismo entre los durangueses de la época y que la de Argiñeta fuera así una necrópolis de arrianos conversos. Pero los eruditos tampoco se ponen de acuerdo en lo de la posible necrópolis. Algunas de las tumbas han sido traídas de otros lugares y se han organizado posteriormente en Argiñeta de la forma en la que lo están hoy día, con lo que la idea de un camposanto privilegiado se diluye. El misterio siempre ha rodeado al Duranguesado, cuna de leyendas que han llegado hasta nuestros días, y el halo de incertidumbre que rodea a Argiñeta, sus tumbas y sus robles, es uno más de los ingredientes de esta comarca, como lo puede ser la historia de la torre de Muntsaratz en la localidad de Abadiño. Las luchas de los bandos oñacino y gamboíno en los siglos siguientes al de la fecha de la necrópolis de Argiñeta sacudieron amplias zonas de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, cuando muchas de las comarcas que hoy conforman estos territorios pertenecían al Reino de Navarra. En esos tiempos de mudanza, cuando Castilla comienza a hacerse fuerte en estos señoríos, la figura del solar de Muntsaratz ya es imprescindible en el libro de citas de los linajes con importancia en el Duranguesado. La dama del Amboto La torre de Muntsaratz es más torre-palacio que casa-torre, y debió ser construida por los numerosos señores de este linaje siglos después de sus relaciones con la corona de Navarra, de donde surge la leyenda de la dama de Amboto. Como recogió Resurreción María de Azkue a un vecino de Abadiño, todo gira alrededor del matrimonio entre el señor de Muntsaratz y la infanta de Navarra doña Urraca: "Un rey de Navarra dijo: "Casaré a mi hija con quien venza en la lucha a un negro de mi corte. Se presentó para la lucha el señor de Muntsaratz y venció al negro. Se casó luego con la infanta y el matrimonio se instaló en su palacio de Abadiño. Tuvieron hijos e hija. El mayor era Ibon y Mariurrika la menor. Aquél iba a heredar la casa, por lo que era odiado por Mariurrika. Esta organizó una gira a Amboto en la que, entre otros, estaría Ibon. Comieron en el monte y Mariurrika hizo que sirvieran mucho vino a su hermano. Este, vencido por el vino, durmió en el campo. Mariurrika, ayudada por una criada, le empujó y le precipitó peñas abajo. Allí murió Ibon. Mariurrika volvió a Muntsaratz y dijo a su padre que Ibon había muerto en Amboto a consecuencia de una caída en el peñascal. Pero su conciencia le acusaba. Aquella noche aparecieron en Muntsaratz los ximelgorri o genios diabólicos. Desapareció Mariurrika. Desde entonces habita en Amboto unas veces y en Sarrimendi otras. Se la ve atravesar los aires en forma de ráfaga de fuego cuando se traslada al monte Oiz". Los Muntsaratz, como se ve, estaban en el meollo de cualquier acontecimiento de importancia que ocurriera en el Duranguesado. Y la elegancia y porte de su torre así confirma el poder de este linaje: se trata de un espacio residencial palaciego de calidad, italianizante en su concepción y aplicado a compaginar la residencia con la producción agrícola y ganadera. Así en Muntsaratz se observa, perfectamente como en otras casas torres, la adecuación de una construcción más o menos fortificada a una residencia con espacio para las tareas del campo, tanto agrícolas como ganaderas y que mantenga ciertas garantías para la defensa. El cronista romántico por excelencia de la historia vizcaína, Antonio de Trueba, glosó estos cambios siglos después: "Callada está y solitaria/ la torre de Muncháraz/ entre los altos nogales/que fruto y sombra le dan./ Ya no cruza gente de armas/ el sombrío nocedal,/ que solamente le cruzan/ negros ola-gizonak".

Datos Prácticos

Cómo llegar: Abadiño y Elorrio se encuentran a unos siete kilómetros entre sí en la carretera BI-632 que va de Durango a Mondragón. La mejor forma de llegar desde San Sebastián o Bilbao es por la a-8 o la N-634 con salida en Durango. Desde Vitoria, se accede a esta localidad por la A-623 que pasa por el puerto de Urkiola. La necrópolis de Argiñeta se encuentra en el barrio del mismo nombre a las afueras de Elorrio en dirección al puerto de Elgeta. La torre de Muntsaratz está cerca de la parroquia de san Trokaz. Alojamiento: Abadiño cuenta con el hotel San Blas, en el barrio de Matiena, (tel. 94 6814200) y el hostal Buenos Aires (tel. 94 6812009). Por su parte, Elorrio ofrece los servicios del hotel Villa de Elorrio (tel. 94 6231555) y dos agroturismos: Arabio-azpikoa (tel. 94 6583342) y Galartza barrena (tel. 94 6582707). Comer: Elorrio y Abadiño son un importante foco de restaurantes para todos los gustos. En Abadiño se pueden señalar Taberna Zarra (tel. 94 6812012), Milikuena (tel. 94 6812005) . En Elorrio, Niko (tel. 94 6820469), Guria (tel. 94 6821327).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de julio de 1998

Más información

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