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FERIA DE SAN FERMÍN

Divinos

Los miura protagonizan su típico encierro de domingo, tranquilo pero masivo

Y al sexto... apretó el paso porque el día siguiente descansaba. El santo corredor aprovechó el domingo -el encierro que hace el número seis- para prodigarse. Enfilada la recta final de las fiestas, San Fermín y su divino capote decidieron lucirse. Ni un solo herido. Corrían los miura y fieles a su fama lo hicieron únicamente pendientes de lo suyo. Eran cinco, uno de ellos se lesionó en los corrales, y el hierro volvía a las calles de Pamplona tras un año ausentes. El encierro de 1997 se suspendió en señal de duelo por el asesinato de Miguel Angel Blanco. Sin hacer por la multitud de gente que salió a su paso, los míticos bureles protagonizaron una carrera libre de incidentes. Como corresponde a su alto linaje, estos animales acostumbran a trotar hermanados sin fijarse en los mozos. Por ello, hace tiempo que se trasladó la fecha dedicada a festejar sus carreras. Del tradicional día 14 pasaron al domingo, cuando más gente hay. Privilegios de la divinidad.

Divinos son los toros y divinos, un determinado grupo de corredores. Se les conoce porque se les ve. Allá, en el último tramo del encierro, día tras día no es difícil localizar a unos personajes hercúleos siempre pendientes de buscar el hilo justo de las astas. En un evento tan popular y populoso, por momentos masificado, rascar un instante de protagonismo es casi una misión imposible. Ellos lo consiguen. Acto seguido, la polémica.

El más famoso

"La verdad es que no me gusta lo de divinos. Muchas veces se usa en sentido peyorativo", dice Julen Madina, quizá el más famoso. Cabeza rapada, bigote hirsuto y un físico trabajado a conciencia son los apartados de su carné de identidad. Algunas voces les acusan de abrirse el paso a empellones y de estar más pendientes de las cámaras de televisión que de los astados. Él, con 43 años y natural de Zarautz, se limita a enseñar a modo de respuesta unas pruebas gráficas que hablan en sentido contrario. En su espalda, luce la herida dejada a modo de regalo por uno de los miura. "Lo realmente bonito de esto es que nunca puedes controlar las circunstancias. El toro es siempre imprevisible. La sensación de ansiedad es increíble", afirma en un alarde de entusiasmo.

Hace tiempo, fue un periodista el que escribió que había jóvenes que corrían divinamente. Faltó tiempo para que el gracejo popular colgara la etiqueta. Jokin Zuasti, de 40 años, también pertenece a esta saga.

"Ni me preocupa ni me molesta lo del dichoso nombre. Me molesta más que no se entienda esto y que estén constantemente diciendo que si estás loco, que si no debes hacerlo...", declara este pamplonés de 40 años. Igual que su compañero es experto en artes marciales, profesor de judo, y le adorna la complexión de un atleta de decatlón.

En el fondo, la polémica sobre los divinos pertenece al sagrado ritual de la fiesta. Con periodicidad anual, llegan las imprudencias de los patas, los resbalones de la Estafeta, las quejas por el exceso de gente y, por supuesto, las anónimas hazañas de los corredores puros. En el centro, la magia del encierro. La divina locura de un toro bravo corriendo por las calles de una ciudad. Ayer, los miura siguieron a San Fermín. Locuras de la divinidad.

LA CORRIDA DE HOY

Plaza de Pamplona

9ª corrida de feria.

Toros de Ganadería Marqués de Domecq, propiedad de Javier y Fernando Domecq López de Carrizosa, de la finca Martelilla, en Jerez de la Frontera (Cádiz). Divisa azul y amarilla. Antigüedad, 18 de mayo de 1966.

Matadores: Emilio Muñoz, Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla.

A las seis y media de la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de julio de 1998