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Un vodevil y un romance

Un romance popular en tres estampas y un melodrama en prosa coincidieron en la inauguración del teatro municipal Isabel la Católica de Granada. El romance, que se desarrolló sobre el escenario, lo escribió Federico García Lorca en 1927 y su personaje central es Mariana Pineda; el melodrama, que algunos vieron más como vodevil, ocupó el patio de butacas y en él intervinieron espontáneamente -rivales en dos bandos: Montescos y Capuletos- el alcalde de Granada, Gabriel Díaz Berbel y la ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, de un lado, y los representantes de la Junta de Andalucía. Los restantes espectadores no pudieron evitar, a causa de la desorganización, encarnar a un grupo de figurantes desorientados. Para dar una idea del asunto del melodrama baste con un ejemplo: cuando Aguirre descorrió la cortina que tapaba la placa conmemorativa de la inauguración del teatro allí constaba, para conocimiento de las generaciones futuras, que en la primera función coincidieron la ministra y el presidente de la Junta, Manuel Chaves, que sin embargo no había aparecido. La razón es que el presidente de la Junta, institución que ha pagado las tres cuartas partes de la rehabilitación del teatro, se enteró el 15 de mayo por la radio que el teatro lo inauguraría "una infanta y la ministra". Chaves protestó y ese mismo día Gabriel Díaz Berbel le escribió una carta en estos términos: "Por todo ello, lamentando que la fecha de la inauguración se conociese por tu parte a través de los medios informativos antes que recibir esta carta, sincera y agradecida, te ruego no faltes a esta cita sin perjuicio de que con anterioridad visitemos los trabajos realizados". Según el delegado del Gobierno de la Junta en Granada, Jesús Quero, cuando Chaves recibió la carta era demasiado tarde. "Han actuado groseramente y con descortesía absoluta. A los granadinos no les importa quién ha pagado la recuperación del teatro, pero la mayor parte la puso la Junta. Sin embargo, el Ayuntamiento se ha preocupado de que no faltara la ministra, mientras que Chaves se enteró de todo por la radio", explicó Quero. "Si nadie recoge los fax en la Junta de Andalucía no es mi responsabilidad", replicó Díaz Berbel. En el teatro, mientras tanto, se desarrollaba el drama como en una película coral. El presidente provincial del PP, Juan de Dios Martínez Soriano, fue acomodado al fondo del patio de butacas, aunque a otros representantes institucionales les cupo aún peor suerte, como el caso de senador socialista Manuel de la Plata que le tocó butaca de gallinero. Entre el público corría el rumor de que la delegación municipal de Cultura había repartido 1.000 invitaciones canjeables por las 700 entradas del aforo, circunstancia que originó diversos monólogos y amagos de mutis de los figurantes. Con estos trajines transcurría el melodrama de abajo cuando arriba, en el escenario, se levantó el telón y al mismo tiempo se fue la luz y se encendieron las bombillas rojas de emergencia. Algunos espectadores juran que escucharon las protestas del alcalde y la respuesta serena de su concejal de Cultura, Fermín Camacho: "Tranquilo, no des la nota". Poco después se arregló la avería y las dos representaciones crecieron sincrónicamente, la de las butacas -"butacas torturadoras", según Jesús Quero, a causa de su incomodidad manifiesta- un poco más aplacada y en silencio. Sin embargo, unos minutos después de que la actriz Carmen Conesa clamara "¡Yo soy la libertad herida por los hombres!/ ¡Amor, amor, amor y eternas soledades" y cayera el telón volvió a revivir el melodrama político que ayer, doce horas después del comienzo, aún se disputaba en despachos y gabinetes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de mayo de 1998

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