Madres de jóvenes anoréxicas denuncian la falta de servicios en la red sanitaria pública

La incidencia de la anorexia nerviosa está creciendo, según recientes cálculos médicas, un 25% anualmente. El fenómeno, que sociólogos y profesionales califican de epidemia juvenil, desborda por completo la capacidad de los centros públicos, donde la lista de espera para la primera visita supera los dos meses y el tratamiento no llega habitualmente hasta seis meses después, salvo casos de extrema urgencia. "SOS para las anoréxicas" es el mensaje desesperado que lanza un grupo de madres ante el desfase entre los servicios disponibles y las necesidades.

Más de 400 jóvenes con síntomas de anorexia acudieron el pasado año a la unidad de trastornos de alimentación del hospital de Bellvitge, principal centro del área de Barcelona con un servicio específico para anorexia y bulimia en pacientes mayores de 18 años. Pese a que las primeras visitas se incrementaron ese año un 20%, el servicio no pudo absorber la demanda. Las peticiones de atención desbordan con creces los servicios de los centros públicos y, en consecuencia, aumenta la consulta a psicólogos y centros privados, con un coste que supera las 200.000 pesetas mensuales. La anorexia afecta a dos de cada 100.000 personas y su otra cara, la bulimia, muchas veces subsiguiente, a cinco de cada 100.000. Las víctimas son casi exclusivamente mujeres de entre 12 y 17 años, aunque ya se han observado casos en niñas menores. En un 6% de los casos, el proceso tiene un desenlace mortal. Sólo en un 50% de las pacientes logra una curación total. El principal riesgo de esta dolencia es la cronificación y el deterioro físico y mental, de ahí la importancia de recibir una atención médica adecuada a tiempo y de ahí también el grito angustioso de un grupo de madres de adolescentes con anorexia, agrupadas en la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB). Su portavoz, Mari-Ladi Castillo, indica que hay más de 250.000 jóvenes con anorexia y bulimia en España. Para la mayoría de ellas, la red pública no cuenta con una asistencia adecuada. "Hay muchas chicas que nos llaman para decirnos que nadie asume su enfermedad". Las madres de la ACAB luchan para que la medicina pública atienda a sus hijas, "porque la anorexia no la puede tratar cualquier psicólogo, sino un equipo especializado". Según Castillo, muchas chicas llegan al hospital en lamentables condiciones tras haber estado largo tiempo acudiendo a consultas de psicólogos privados. El único centro privado que hay en Barcelona con asistencia de hospital de día cobra por un tratamiento entre 200.000 y 700.000 pesetas mensuales. Pero las listas de espera de los centros públicos desaniman a las enfermas y a sus familias. Según Castillo, mientras que la enfermedad se ha incrementado en un 40% desde hace 14 años, los recursos apenas han crecido. El hospital de Bellvitge, centro de referencia de toda España para estos casos, tiene únicamente cuatro camas específicas para este trastorno en mayores de 18 años. Existe otro centro de adultos en Can Ruti, en Badalona, y dos centros infantiles en Sant Joan de Déu y el hospital Clínic, también con largas listas de espera. El psiquiatra Vicente Turón, jefe de la unidad de Bellvitge, creada en 1972, declara que su equipo está desbordado. "Si se me presenta una anoréxica con 34 kilos de peso y tengo las camas llenas, tengo que romperme la cabeza para solucionarlo porque no la puedo ingresar". Presión cultural Vicente Turón cree que los trastornos graves de la alimentación deben tratarse de modo que se modifique el comportamiento patológico. "Se utiliza demasiado la psicología, que busca las causas mediante el psicoanálisis, mientras que lo que tenemos delante es un problema de supervivencia". Y añade: "Lo que yo sé es que son chicas que quieren ser esbeltas y que creen que pueden conseguirlo. Para que lleguen a ambas convicciones existe una presión cultural muy importante e intereses económicos considerables que desencadenan una patología biológica y psicológica. Luego, las chicas no pueden parar". La publicidad, como la que muestra la fotografía, ha sido señalada como una de las causas que contribuyen al incremento de la anorexia. La experiencia de algunas de las madres plantea la necesidad de abordar el tratamiento en la familia de manera más amplia, pues les parece claro que tienen una conducta parasuicida y autocompasiva. Mari-Ladi Castillo considera que es importante que la familia no se culpe y evite entrar en el juego manipulador que a menudo plantean las hijas. "No hay que demostrar miedo, pues son precisamente las hijas de madres débiles, permisivas o atemorizadas las que tienen menos posibilidades de recuperación si ellas mismas no reaccionan. Si la madre es activa, le será más fácil ayudar a su hija".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 19 de mayo de 1998.

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