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El paro y el sida precipitan las enfermedades mentales crónicas

Los individuos viven expuestos a múltiples hechos que favorecen el trastorno mental. Problemas de este fin de siglo, como el alto índice de paro, presente incluso en las sociedades más desarrolladas, y el sida, son factores que precipitan enfermedades mentales crónicas, como la esquizofrenia y las paranoias crónicas, aseguró ayer el italiano Rómulo Aguillaume, presidente del X Foro Internacional de Psicoanálisis, que se clausuró ayer después de cuatro días de debates. Al foro asistieron 200 psicoanalistas de 12 países.Según algunos expertos, el 1% de la población mundial son esquizofrénicos, es decir unos 300 millones de personas. En España se calcula que hay 350.000 personas con esta enfermedad.

El sida, el paro y la drogodependencia son experiencias traumáticas importantes. «El paro es un factor precipitante de una enfermedad. Un parado por el mero hecho de quedarse en paro no tiene por qué enfermar pero puede significar el origen de una enfermedad crónica», afirmó Aguillaume. Desde el psicoanálisis, la estabilidad emocional tiene dos apoyos fundamentales: «el amor y el trabajo».

«Una idea renovadora es la prevención de enfermedades que no son curables, pero el psicoanálisis aporta una serie de conceptos que hacen que el campo de la prevención de la psicosis y perturbaciones graves puedan dar buenos resultados, como el tratamiento en colegios y el tratamiento con la familia», aseguró el presidente del Foro.

Pacientes graves

Entre los casos expuestos de pacientes severamente perturbados se habló de las víctimas de campos de concentración en la Alemania nazi, las personas con delirios, la anorexia, la bulimia o individuos con psicosis múltiple, como el caso de una madre y un hijo que empezaron de forma simultánea a desarrollar la enfermedad. «Eran dos cuerpos y una mente, por lo que la separación generaba hostilidad y ansiedad», explicó el doctor Ciro Elia, que agregó que un 60% de los pacientes abandonan la terapia.«No creo que España tenga una población superior de pacientes graves que otros países, ya que este es un problema mundial», aseguró Aguillaume. Estos pacientes, al sufrir de psicosis graves, movilizan aspectos emocionales muy intensos, por lo que el psicoanalista es susceptible de quedar involucrado en la propia enfermedad del paciente.

«La situaciones emocionales con el paciente, como el odio, son elementos que el psicoanalista utiliza para la terapia y para fortalecer la interacción con el paciente» según Aguillaume.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de mayo de 1998