Carlos do Carmo trae a España "la gran riqueza del fado"

Es el maestro del fado y este año conmemora 35 de profesión. Carlos do Carmo confiesa que le gustaría ser el puente entre los clásicos y los más jóvenes. A finales de junio, en Lisboa, verá cumplido un viejo sueño: el Museo del Fado. Tras cantar en A Coruña y Murcia, lo hará hoy en Madrid (Centro Cultural de la Villa), y el día 2 de mayo, en Valladolid (sala Ambigú). Hasta hace 10 días, y durante 25 semanas, ha presentado un programa de televisión los domingos: "Cantando, hablando con Saramago, con compañeros míos de la canción, con deportistas... Como si estuviéramos en mi casa. Se emitió por el canal internacional. Algo importante, porque nosotros tenemos 10 millones de portugueses en Portugal y cinco por todo el mundo".

Este año, cumple 35 en la profesión y en diciembre lo celebrará en Lisboa. "Estoy profundamente enamorado de mi ciudad", confiesa. "La Expo está produciendo cambios interesantes. La gente vivía de espaldas al río. Hoy, abuelos, padres y niños pasean por la orilla. Hay bicicletas. Se respira otro aire. Y, pese a todo, Lisboa no pierde lo esencial, que es su alma".

Por fin, en junio, va a ver cumplido un sueño: "Lisboa va a tener un Museo del Fado. Me he peleado por ello durante 15 años. Tendrá varios componentes: la ropa de alguna cantante famosa, un espacio para tertulias, una escuela de guitarra portuguesa y, aprovechando la tecnología, una base de datos".

Tristeza y soledad

No piensa que el fado esté en vías de extinción. Y tampoco se considera el responsable de haber cambiado su imagen de tristeza: "Mi camino es un camino solitario", asegura. "El fado puede ser triste, alegre, lo que uno quiera. Lo que vale es la riqueza inmensa de poder ser cantado de forma diversa por muchas mujeres y hombres: es una canción que no aguanta imitadores". Su madre fue una de las más grandes intérpretes del fado. "Eso me da una doble responsabilidad. Los tres primeros años, la gente me veía con simpatía, pero siempre se referían a ella", dice quien se reconoce contemporáneo de los Beatles. "Empecé a cantar fados con 23 años, casi de broma. Los amigos me decían que lo cantaba distinto", cuenta. "cosas que hice en la década de los sesenta, hoy se consideran clásicos, pero si leemos lo que se escribió entonces, más de uno estaba dispuesto a matarme. Es muy bueno cuando uno sigue algo que ha escogido en su vida y se siente reconocido. Y yo me siento muy reconocido

"Intentaron callarme sin lograrlo. Y ahora las puertas están abiertas", explica. "Siempre he cantado por el mundo, pero en Portugal no se hacían eco. No lo digo con rabia, pero me duele que, viviendo en democracia, haya pasado. Yo sigo con los mismos ideales. Y no me he aburrido de Carlos do Carmo". En su último disco trabajó con Lobo Antunes.

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