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CARTAS AL DIRECTOR

Atropello judicial

En relación con el editorial del pasado día 23 de marzo, vinculado al "atropello judicial" que sobre la clínica Iris de Albacete ejerció un señor juez, y en el que con toda razón exponen la inseguridad de las mujeres (como así también de los médicos que realizan el aborto con su consentimiento) por denuncias de los novios, maridos, médicos antiabortistas y jueces con claros vínculos a ideologías conservadoras -fuertemente contrarios a la libertad de elección de la mujer con su cuerpo-, como soy una persona que tengo mucho que decir (y padecer) al respecto levanto mi voz de protesta nuevamente, y van...Mi caso, por ahora, puede figurar en el Libro Guinness de los récords, ya que soy el único ginecólogo en España procesado en menos de un año por delito de dos abortos que, por supuesto, se habían realizado escrupulosamente dentro de la ley (sendos dictámenes psiquiátricos, por médico de la especialidad, que los encuadraban en el primer supuesto legal).

Por tanto, ratifico lo que su editorial y yo ya hemos expuesto en infinidad de ocasiones: que en este país, con la actual legislación del aborto, tanto las mujeres como los médicos estamos expuestos a unos arbitrios que son dignos de épocas inquisitoriales, ya que estoy convencido de que en mi último juicio, de marzo de 1997, el dictamen de culpable estaba ya sentenciado antes de la celebración del juicio, pues estaba todo tan claro y legal que sólo con jueces de instrucción forenses y jueces de audiencia presuntamente antiabortistas se me pudo condenar (en el anterior, de mayo de 1996, en iguales condiciones, pero con otros jueces, fui absuelto).

Me da mucha pena lo que está ocurriendo con la justicia en España y que los señores legisladores no modifiquen de una vez por todas esta ley, que sólo provoca incertidumbre e inseguridad en quien, desgraciadamente, tiene que recurrir al aborto para resolver un problema personal que no debería ser indagado por nadie (¡bastante padecer tiene la mujer por hacerlo!). En cuanto a mi persona, y a la- de los médicos que se ven envueltos en estos vericuetos legales, el daño a la carrera, profesión, vida familiar y entorno es tan devastador que difícilmente pueda existir nada que las componga. Si lo que pretenden con esa caza de brujas es asustar, probablemente lo consigan. Muchos médicos se lo tendrían que pensar, ante tanta hipocresía suelta, en dejar de hacer abortos. Yo, desde hace un año, lo estoy cavilando seriamente. ¡Si la ley no cambia, quizá lo consigan! ¡Señores diputados: la que pierde siempre en estos casos es la sociedad.- Médico ginecólogo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de abril de 1998