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Ucrania asegura a Rusia que no tiene intención de entrar en la OTAN

Leonid Kuchma, en la primera visita de Estado de un presidente ucranio a Moscú desde que la URSS se partió en pedazos hace seis años, aseguró ayer a su homólogo ruso, Borís Yeltsin, que no tiene intención de integrar a su país en la OTAN. El portavoz del Kremlin, Serguéi Yastrzhembski, no dio más detalles de lo que parece un paso calculado para eliminar los recelos de una Rusia que considera la expansión hacia el Este de la Alianza como una agresión a sus más vitales intereses estratégicos.

Rusia a un lado, al otro, Europa, y Ucrania sobre el filo de la navaja. Ésta es la posición en la que ha quedado el antiguo granero de la URSS, hoy el mayor país totalmente europeo, tras la descomposición de la Unión Soviética a finales de 1991. Si Ucrania significa en el idioma nacional algo así como "en el extremo", no está tan claro de que que extremo se trata: el occidental de Rusia o el Oriental del resto de Europa.

Sería más exacto afirmar que es un puente entre dos mundos. Consciente de que el mayor peligro que acecha a los puentes es ser ocupados o destruidos, el liderazgo de la Ucrania independiente, primero con Leonid Kravchuk y ahora con Kuchina, ha desarrollado una política exterior basada en mantener las mejores relaciones posibles con ambos bandos, que siguen siendo rivales aunque no oficialmente enemigos desde el final de la guerra fría.

Proceso de acercamiento

Con su viaje a Moscú, Kuchma intenta completar un proceso que tuvo su punto culminante en la firma, el pasado mayo en Kiev, de un tratado de amistad, que ayer se completó con otro de cooperación económica por 10 años que incluye la convergencia de las políticas reformistas de los dos países. De manera calculada, no se ha tratado ni de la enorme deuda ucrania por suministros de gas, ni de las diferencias sobre la flota del Mar Negro, ni del contencioso de Crimea, peninsula de mayoría rusa que Nikita Jruschov regaló a Ucrania, su país natal, en 1954. Pero como síntoma de que no están dispuestos a que ni siquiera estos problemas envenenen las relaciones, ambos jefes de Estado acordaron reunirse en junio sin corbata en esa región. Kuchma habrá alegrado el oído de Yeltsin al decirle que no pretende que Ucrania entre en la OTAN, pero esa afirmación tiene un valor relativo si se mira bajo el prisma de los evidentes intentos de acercamiento a la Alianza, en la que obtuvo (en la cumbre del pasado julio en Madrid) un estatuto de asociación privilegiada similar al de Rusia.Ahora mismo, el Ministerio ucranio de Defensa organiza en Kiev una conferencia con altos funcionarios de la OTAN en el marco del programa de la Asociación para la Paz, y también se está diciendo al otro bando lo que a éste le gusta escuchar: que Ucrania quiere estrechar lazos con la Alianza hasta el límite de lo razonable, es decir, evitando que monte en cólera el oso ruso.

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