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Las vacunas en marcha: de los virus inactivados a la biología molecular

La inmunización futura abrirá vías de administración distintas a la inyección

Un tercio de los más de 50 millones de personas que mueren cada año en el mundo fallece a causa de enfermedades infecciosas. Los agentes infecciosos emergentes -aún imbatibles- y la pobreza en las tres Cuartas partes del planeta impiden que aún puedan controlarse muchas enfermedades con la mejor arma de la medicina preventiva desarrollada hasta ahora por el ser humano: las vacunas.

La primera vacuna, la desarrollada contra la viruela, tiene casi dos siglos. El XIX supuso posteriormente el empuje de la prevención inmunológica, sobre todo con los trabajos de Pasteur. Cinco vacunas se desarrollaron entonces, sin embargo ha sido el siglo XX el protagonista de la gran eclosión de la investigación y puesta en marcha de vacunas con el desarrollo de unas 30 -algunas simples combinaciones-, destinadas fundamentalmente a combatir las enfermedades que hasta no hace mucho tiempo diezmaban a la infancia.

Su formulación en cien años ha sido la misma: compuestos a base de inactivar el virus y la bacteria o atenuarlos con el objetivo de producir en el cuerpo humano agentes defensivos contra el invasor sin el riesgo de provocar la enfermedad.

Biología molecular

El próximo siglo traerá en este sentido cambios sustanciales ya en marcha, como puso de manifiesto la semana pasada en Bruselas el vicepresidente médico y científico de Simthkline Beecham, Francis André. De los métodos tradicionales ya se ha pasado en algunos productos, como la vacuna de la hepatitis B, del campo de la biología celular al de la biología molecular. El conocimiento del ADN viral -su material genético- permite saber que parte es responsable de sus antígenos de superficie, lo que hace posible reproducirlos en laboratorio y usarlos en el ser humano para provocar respuesta inmune. Ya no es necesario inocular el agente infeccioso sino una parte del mismo. Y en el futuro, los avances permitirán conocer incluso qué elementos necesitan estos agentes infecciosos para poder reproducirse en su huesped y así cortarles el paso.También serán novedosas sus formas de administración. Con la tradicional inyección convivirán otras fórmulas, de inoculación como las llamadas microcápsulas, que bien inyectadas o por vía oral, liberarán poco a poco en el organismo la dosis inmunizadora necesaria en los plazos adecuados. Este sistema reducirá a uno el número de aplicaciones que requieren hoy vacunas con tres o más dosis espaciadas en el tiempo.

Los futuros productos también podrán introducirse en el organismo mediante aerosoles, gotas nasales o bucales o a través de las mucosas. Incluso se trabaja en formulaciones en polvo que permitan la aplicación de una o más vacunas simultáneamente a través de la epidermis y a la velocidad del sonido.

Futuros calendarios

Igualmente habrá cambios en los calendarios vacunales. Un mayor control de los procesos infecciosos prevenibles requerirá la ampliación de los actuales, en función de los grupos de edad. Así los niños crecerán ya inmunizados además de con las vacunas actuales con la de la tuberculosis; la adolescencia será la edad de prepararse contra las enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el sida cuando se pueda disponer de una vacuna.Finalmente quedará para los mayores la protección contra la gripe, la neumonía y el herpes zoster. Los viajeros tendrán sus propios calendarios contra fiebres tifoideas, paludismo y otro tipo de agentes infecciosos que la movilidad actual de las poblaciones han arrancado de sus santuarios epidémicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998