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Editorial:

El año de los precios

LA INFLACIÓN de 1997 se ha cerrado con un índice excepcionalmente bajo del 2%, que marca un récord en nuestra serie estadística y confirma el holgado cumplimiento de una de las condiciones establecidas para entrar en el club del euro. A esto se suma que por primera en mucho tiempo coinciden la tasa general del IPC y la inflación subyacente (descontados los precios de los alimentos y de los productos energéticos). La política antiinflacionista del Banco de España, junto con la evolución moderada de los salarios, han conseguido reducir el IPC en 1,2 puntos. durante los últimos doce meses. Está claro que, mucho más que el año del empleo, como pretendía el Gobierno, 1997 ha sido el año de la inflación.Los parabienes, tanto para el Banco de España como para los agentes sociales que han colaborado en este logro, están más que justificados. La estabilidad monetaria que tanto se reclamaba desde ámbitos empresariales y profesionales para evitar el deterioro en las rentas, facilitar la ganancia de cuotas de mercado en el exterior y garantizar la participación de la economía española en el euro desde el primer momento, ya está aquí; al menos, de momento. La favorable evolución del consumo o de las exportaciones demuestra que un clima de baja inflación produce notables beneficios económicos a toda la sociedad.

Pero la satisfacción por los indiscutibles logros antiinflacionistas no puede ser una excusa para ocultar algunos datos inquietantes que se advierten. en la composición del IPC. Conviene recordar que la evolución temporal de los precios durante el año pasado muestra una caída vertiginosa en la primera parte del año, hasta llegar al mínimo del 1,5% interanual en mayo; y que a partir de ese momento la tendencia ha sido levemente alcista, hasta estabilizarse en tomo al 2% en la segunda mitad del año. Esta evolución demuestra que no será tarea fácil mantener controlada la inflación en el año en curso, para el que se ha fijado un objetivo del 2,2%.

La economía española sigue presentando áreas potencialmente inflacionistas. El control de los precios en 1997 se ha conseguido básicamente gracias a la alimentación y los productos energéticos, que son las mercancías de evolución más errática e independiente de las decisiones de los agentes sociales. De la misma forma que el año pasado jugaron a favor de una inflación menor, en otros periodos pueden hacerlo en contra; todo queda al albur de que llueva o de que el precio del petróleo no se dispare. Los servicios siguen siendo también un foco inflacionista incontrolado; es la mejor demostración de que las supuestas liberalizaciones del Gobierno desde mayo de 1996 no acaban de arrancar.

Si el Gobierno quiere mantener los precios de forma estable en tomo al 2%, debe acometer reformas estructurales auténticas en lugar de hacer simulacros. Sus paquetes de liberalización se han quedado muchas veces en ampulosas declaraciones y abundante autopropaganda. Sectores tiene en abundancia donde aplicar liberalizaciones de verdad, desde el farmacéutico al de las gasolinas o combustibles. Las reformas estructurales, si son genuinas, se pagan a menudo con desgaste político y votos; pero sin ellas, la excelente tasa de inflación conseguida en 1997 puede ser un logro efímero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de enero de 1998