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Indicios de que la sangre transporta los agentes de las encefalopatías

La reciente decisión del ministerio de Sanidad británico de retirar dos remesas del factor sanguíneo VIII cuando se ha conocido que los donantes han desarrollado la enfermedad de Creutzfeldt Jakob subraya la preocupación por la transmisión de los agentes infecciosos -priones- de la enfermedad por la sangre. Un equipo suizo de investigación ha establecido ahora que cierto tipo de glóbulos blancos es fundamental para el desarrollo del scrapie, la enfermedad correspondiente en las ovejas.La presencia de los priones en la sangre se ha cuestionado desde que se descubrieron las encefalopatías espongiformes transmisibles, al que pertenecen las dos citadas. Cuando se infecta un animal indirectamente -por ingestión o inyección en un lugar distinto del cerebro- los primeros órganos que muestran capacidad de infectar son los del sistema linforeticular -amígdalas, timo, nódulos linfáticos, bazo- El hecho de que estos órganos tan separados físicamente estén infectados sugiere que la vía es la sangre.

Adriano Aguzzi, de la universidad de Zurich, ha confirmado ahora esta sospecha. Ha encontrado que los linfocitos B son cruciales para el desarrollo del scrapie, lo que comunica hoy en la revista Nature. Los investigadores han alcanzado esta conclusión tras encontrar que ratones de laboratorio modificados de forma que están desprovistos de células B no desarrollaban la enfermedad tras ser infectados con scrapie. Además, el bazo de estos animales no estaba tampoco infectado. Es decir, las células B resultan imprescindibles para que se desarrolle la enfermedad pero todavía se desconoce la forma en que los priones se transmiten al cerebro.

De todas formas, este estudio se considera importante y si es confirmado por otros, podría llevar a tomar medidas para que la sangre donada sea limpiada en el Reino Unido de estas células antes de ser transfundida. Además Aguzzi piensa que su descubrimiento sugiere que la supresión de las células B puede mitigar el desarrollo de las encefalopatías espongiformes.

Nature News Service

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de diciembre de 1997