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Jubilados, pero no retirados

La Vieja Trova Santiaguera presenta un documental sobre su vida

La Vieja Trova Santiaguera está formada, según sus propias palabras, por cinco "jubilados pero no retirados". Respecto a lo primero, no hay dudas: el más joven de ellos, Ricardo de los Santos, tiene 63 años, mientras que los mayores, Pancho Cobas y Aristóteles Limonta, han cumplido los 84. También es evidente que siguen en activo: este año han efectuado dos intensas giras europeas y están actualmente por España. En Madrid, su concierto de mañana en el Cine Palafox servirá para estrenar Lágrimas negras, el documental que sobre ellos ha realizado la holandesa Sonia Herman DoIz.Lágrimas negras, la inmortal composición de Miguel Matamoros, suena en diferentes versiones a lo largo del filme homónimo. Hay lágrimas de verdad en algunas de las escenas. Pero son muchos más los momentos jubilosos. Y es que lo de la Vieja Trova tiene mucho de milagroso. La película repasa la trayectoria vital de estos caballeros que llevan sobre sus espaldas la historia de Cuba en el siglo XX. Nacieron en Oriente en familias tan extensas como modestas: se ganaron la vida en la carpintería, el comercio, la construcción. Hasta que desembocaron en la música: han pasado en total por dos docenas de grupos y orquestas, muchos ilustres. Hoy hablan sin quejarse de los sueldos míseros con los que sobrevivieron. Celebran la llegada de la revolución que les proporcionó ingresos regulares y dignidad profesional. En 1990 estaban en situación de jubilados, pero todavía tenían mucho ritmo en el cuerpo.

Alguien les convenció para que se reunieran como Amigos de Machín, algo que ya revelaba cierta vocación turística: el nombre puede ser atractivo a oídos españoles pero no significa nada en Cuba, donde Antonio Machín dejó de existir artísticamente a finales de los años treinta. Pero se cruzó Manuel Domínguez, arquitecto y urbanista granadino, que les fichó para su discográfica, Nubenegra, y ayudó a perfilar una orientación artística: la recuperación de boleros, sones, guarachas, rumbas y pregones, acentuando la bailabilidad y la calidad. Domínguez ha sido riguroso en estos asuntos, evitando los tópicos; de hecho, fueron los propios músicos los que impusieron la inclusión de su versión de Guantanamera (y van ... ) en su último disco, Hotel Asturias.

Resulta difícil negar nada a la Vieja Trova. Los viejitos son testarudos, orgullosos, resabiados. Por eso tiene extraordinario valor la película de Sonia, Herman Dolz. A lo largo de cuatro meses, ha seguido al grupo por otros tantos países y ha sabido recoger lo dulce y lo agrio: las reuniones musicales en Santiago de Cuba, los vítores en varios idiomas, el tedio de las giras, la frustración por no poder hablar con los seres queridos.

Como era de esperar, Reinaldo Hierrezuelo adquiere el protagonismo. Al principio del documental, se le ve en un cementerio, comentando con sus muertos que sigue fiel al ritmo oriental. Hacia el final, medio ciego y renqueante, ensaya con su representante el recorrido que esa noche va a dar, subiendo y bajando escaleras, bajo los focos, entre admiradores desatados. Como él dice, "nuestra música es medicina". Y ellos la recetan con generosidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de noviembre de 1997