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Atentado fallido con un paquete bomba contra la consejera vasca de Comercio

Un fallo en el mecanismo de ignición frustró la explosión de un paquete bomba de fabricación casera enviado ayer a la consejera vasca de Comercio, la socialista Rosa Díez. Su marido, José Ignacio Fernández, lo recogió en el buzón de su domicilio, en Sodupe (Vizcaya), y lo abrió sin sospechar nada, pero resultó ileso porque la carga explosiva, compuesta por cerillas machacadas, carbón vegetal y una bombilla rodeada de pólvora, no estalló. Díez respondió al "incidente" diciendo, que seguirá trabajando. "Ni los malos de verdad, ni sus aprendices, ni sus chapuceros, ni sus defensores van a conseguir otra cosa de mí", apostilló.

José Ignacio Fernández, el marido de Rosa Díez, recogió el paquete bomba junto al resto de la correspondencia poco después de la una de la tarde de ayer. Una vez en el interior de su domicilio, lo abrió sin sospechar nada. Estaba sellado y timbrado en la oficina de Correos de Llodio (Álava) y contenía un anuario de deportes de 1996 editado por el diario El Correo. Según Díez, al hacerlo se produjo un estallido menor, "como un petardo".Fernández vio un cordón que se introducía entre las tapas del libro y lo sacó a la calle. A continuación llamó a la Ertzaintza. Los artificieros de la policía vasca acudieron de inmediato y desmontaron el artefacto oculto en el volumen. "Contenía un sistema explosivo rudimentario y una carga aún no determinada", según Díez.

La consejera compareció ante los medios informativos en la sede de la Presidencia del Gobierno vasco horas después, pero se limitó a leer una nota. "En todo caso, no ha pasado nada. Mi familia está bien y yo también", dijo; "no sabemos si se trata de una broma macabra, un intento de asustar o lastimar o, sencillamente, una manera de recordarme, ellos o sus amigos, que están ahí".

El paquete no despertó las sospechas de su esposo. "Estaba envuelto en papel de embalar", explicó Fernández a las puertas de su vivienda de Sodupe, a 18 kilómetros de Bilbao. Sólo un detalle se escapaba de la normalidad. El envío tenía un franqueo exagerado. Según su testimonio, llevaba sellos por valor de 1.200 pesetas. La deflagración sólo afectó al dispositivo iniciador de la bomba, que, por un fallo, no logró hacer estallar el resto del explosivo.

El departamento vasco de Interior informó que el artefacto contaba con un sistema que se accionaba a través de una pita conectada a las tapas. La apertura del libro, al traccionarla, cerraba un circuito eléctrico conectado a cuatro pilas de 1,5 voltios que alimentaban una bombilla. El filamento se había cubierto de pólvora para iniciar la explosión de la carga, compuesta por una mezcla de cerillas machacadas y carbón vegetal.

El secretario general del PSE-EE, Nicolás Redondo Terreros, insistió en que ETA quiere acabar con todos los que se significan con la libertad y la tolerancia. "No tiene otro objetivo que eliminar a quienes cómo Rosa tía ajan por ofrecer un imagen positiva de Euskadi", advirtió. Además, lanzó un mensaje de serenidad a sus compañeros: "A los socialistas no nos va a amedrentar esta cuadrilla de asesinos aunque se empeñe en acabar con nosotros y nuestras ideas con el chantaje o las armas".

Como IU, el PP también mostró su solidaridad con Díez a través de una nota en la que acusó a ETA y HB de "exhibir el fascismo como práctica diaria de actuación". Su secretario general en el País Vasco, Carmelo Barrio, hizo un llamamiento a la unidad frente al terrorismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de noviembre de 1997

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