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42º FESTIVAL DE VALLADOLID

Cine y poesía

En La pistola de mi hermano "han influido un buen número de directores de cine, como Bresson o Dreyer; realizadores que me han permitido escribir lo que me apetecía ver para no tener que ilustrar mi novela afirmó tras la proyección del largometraje, ayer en Valladolid, Ray Loriga. "Hacer cine", señaló, les como la poesía, que funciona con impactos no explicados. No tienes necesidad de teorizar y al ser más subliminal puedes contar las cosas en unas cuantas imágenes".La adaptación a la gran pantalla de la novela escrita en 1995, Caído del cielo, "viene de un cliché en el que se compendian muchos géneros que aportan una experiencia personal y profesional después de un trabajo muy duro, tras cruzar una línea hacia una responsabilidad muy diferente a la de escribir una novela", dijo. La película quiere ir dirigida a todo tipo de público, si bien "podrá llegar más nítidamente a las vanguardias y a colectivos juveniles que se han adaptado a un cine diferente". Ray Loriga, que confesó haber pasado mucho miedo durante el rodaje, puso de manifiesto su satisfacción por un filme "que en absoluto le ha producido frustración alguna en cuanto al resultado final".

Sutil y muy fría, según definió el director esta película, es también esquemática en cuestiones como el tratamiento que se da al sexo y las drogas. "Los personajes se mueven en una ambigüedad y miedo en esas cuestiones, que están perfectamente reflejadas en mi novela". De todas formas, señaló Loriga, en las cuestiones sexuales que aborda el filme, "he estado en manos de los actores; además, no me gustan demasiado algunas películas en las que se utiliza a actores muy jóvenes, especialmente los debutantes, y se les explota sexualmente".

La película es una fábula que en absoluto representa a la juventud del momento, "da a conocer la vida de unos jóvenes muy concretos con una visión muy pesimista de su existencia", en la que los personajes principales, también debutantes en el cine, "pueden ser cualquiera, porque esta historia puede pasar en cualquier lugar de la cultura occidental".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de octubre de 1997