ELECCIONES EN GALICIA

Sumersión armónica

Un bilingüismo sin conflictos en una comunidad con un 68,6% de gallego-hablantes

El alcalde de Ponteareas (Pontevedra) también habla gallego en la intimidad. Y su repertorio de chistes siempre discurre en la lengua de Rosalía de Castro. El popular José Castro Álvarez, 29 años al mando de esta localidad de 18.000 habitantes, no pertenece al minúsculo grupo del 3,39% de vecinos que confiesan no usar "nunca" el gallego, pero ha simbolizado una cruzada personal contra la normalización lingüística durante años, ejemplificada en su resistencia a adoptar la toponimia oficial.En la particular rebelión del alcalde contra una legislación aprobada por sus correligionarios, ha contado con un extraño aliado, ubicado en sus antípodas ideológicos: el alcalde de A Coruña, el socialista Francisco Vázquez, igual de reacio a ejecutar la Ley de Normalización Lingüística, aprobada en 1983, que establece una única forma oficial, en gallego, de los topónimos. "La postura de Vázquez es la de una persona normal. Yo no voy a cambiar el nombre, pero me adapto a las circunstancias. Cuando me llaman y me piden que hable en gallego, yo hablo en castellano porque nadie me puede ordenar. Pero, si estoy con una persona agradable o de tertulia, uso el gallego", aduce Castro.

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En Ponteareas usan siempre el gallego como vehículo de expresión cerca del 55% de la población. "No hay ningún conflicto. Somos bilingües, pero lo que fomentamos desde el Ayuntamiento es la construcción de viviendas y la creación de empleo. Es lo que tengo que fomentar y no entrar en tonterías", remacha.

Ponteareas y A Coruña, los dos garbanzos negros y excepcionales del proceso de normalización, no han sufrido, sin embargo, la hostilidad de la Xunta, encargada de velar por la aplicación de la legislación. La estrategia del director general de Política Lingüística, Manuel Regueiro, apuesta por la "convicción" y la "paciencia" con "los díscolos". "Tenemos que hacer una labor de convencimiento, pero nunca de represión. Yo no le tiro de las orejas a nadie, aunque pudiera hacerlo", advierte.Regueiro administra un presupuesto anual de 2.900 millones -se ha multiplicado por siete desde 1990-, que constituye la base financiera del modelo de "bilingüismo armónico" que enarbola la Xunta como su objetivo lingüístico para una comunidad en la que el idioma autóctono es la herramienta oral del 68,6% de la población.

Esa partida se ha desglosado este año en 700 millones para cursos y formación, 300 para gabinetes de normalización en administraciones públicas, 276 para material didáctico y 216 para el Centro de Investigación Ramón Piñeiro. Una jugosa porción presupuestaria, 150 millones, se destina a fomentar el gallego en los medios de comunicación. A diferencia del modelo catalán, la Administración autonómica practica una suerte de inmersión financiera para favorecer el uso "prestigioso" de la lengua y la sumersión bilingüe.

El reparto presupuestario acapara las críticas de la Mesa por la Normalización Lingüística y su presidenta, Concha Costas, lo juzga "mal empleado". "Existe una inoperancia absoluta porque muchos fondos se desvían hacia proyectos folclóricos, no hay un seguimiento de las iniciativas ni de la ley en el entorno educativo y existe una relación desproporcionada entre lo que se subvenciona en los medios de comunicación y la cantidad y calidad de las noticias", asegura.

Este foro, nacido de sectores pedagógicos y educativos, mantiene la postura más combativa con la Xunta, a la que acusa de pacatería y desidia a la hora de defiende el gallego. "Se defiende algo cuando hay un ataque y no vemos que haya ningún ataque hacia la lengua; por eso hablamos de promocionarlo y no de defenderlo", argumenta Regueiro, que se vanagloria de la buena salud de una lengua incluida en los planes de estudio de 30 universidades extranjeras y ocho españolas.

El mapa sociolingüístico de Galicia revela la vitalidad de una lengua que pervivió en el mundo rural en épocas de represión. Sin embargo, se aprecia un retroceso notable en las nuevas generaciones urbanas: sólo el 14% de los jóvenes de entre 16 y 20 años la usa de forma preferente. A juicio de Costas, un retroceso evidente.

El rasgo diferenciador del gallego, popular y despreciado en épocas no muy lejanas, se está invirtiendo en los últimos años. "Está pasando de ser de clases bajas a ser la lengua de unas élites, aunque es una jerarquización igual de peligrosa", alerta Costas. Como si la lengua tratase de cerrar un ciclo regresando a momentos de prestigio, como el de las Cantigas, del rey Alfonso X, El Sabio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0006, 06 de octubre de 1997.

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