Un espectáculo bajo sospecha

Los casos de dopaje y evasiones fiscales pueblan el fútbol argentino

La orina de Maradona se evapora. El lujoso yate importado del entrenador de la selección nacional, Daniel Passarella, acusado de evadir impuestos, ya no le pertenece. La cocaína que consumió el defensa Claudio Arzeno, del Independiente, por la que dio positivo en el control antidopaje, sería un residuo insignificante del inocente té de hojas de coca que el jugador admite haber tomado por recomendación del médico del club. Aquí nadie es culpable de nada. Todos se dicen víctimas de alguna conspiración. Pero algo huele a podrido en el fútbol argentino.En el último año, entre 1996 y 1997, se detectaron en los controles antidopaje 10 casos de futbolistas que habían consumido drogas ilegales, la mayoría de ellos cocaína. En las dos décadas anteriores sólo 13 jugadores fueron formalmente suspendidos por tomar estimulantes prohibidos. La estadística aprueba en la práctica lo que resulta evidente para cualquier aficionado. El negocio del fútbol se ha saltado las normas más elementales de una competición. La presión que ejercen en defensa de sus intereses económicos los directivos, empresarios, apoderados, intermediarios y auspiciantes es tan fuerte que no hay reglamento ni jugador que se le resista.

Los equipos de mayor convocatoria de público están obligados a disputar tres partidos por semana. La televisión retransmite fútbol todos los días y en los últimos dos años los programas y comentarios sobre la vida pública y privada de los jugadores ganaron el espacio principal en las emisoras de radio. El grado de saturación ya fue sobrepasado y sin embargo se anuncian todavía nuevos periódicos y revistas dedicadas sólo a la información sobre fútbol.

La corrupción se detecta allí donde se hunde el dedo. El tradicional sorteo de los colegiados fue reemplazado por la voluntad de los directivos. Un juez federal pasó por encima del tribunal de disciplina de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y autorizó a Maradona a seguir jugando tras comprobarse un nuevo positivo en su control antidopaje. Mientras tanto, se toma su tiempo para investigar un supuesto compló en contra del jugador. El análisis del ADN se ha demorado porque, según versiones que el juzgado aún no ha confirmado, "no había orina suficiente" en el frasco.

El yate de Passarella

La evasión fiscal es un hecho cotidiano. Los directivos anuncian compras y ventas de jugadores por sumas millonarias que no coinciden con las que se consignan en los balances oficiales de los clubes. Los intermediarios no pagan los impuestos, tampoco los jugadores por el porcentaje que les corresponde en los traspasos. La empresa Torneos y Competencias, un superpoder dentro del fútbol, actúa como banco prestamista de los clubes y los extorsiona en relación con las deudas pendientes. Esa empresa cambia la programación, los horarios y los equipos, según convenga a los intereses de la televisión. Daniel Passarella, amigo personal del presidente de la nación, Carlos Menem, y entrenador de la selección nacional, importó de Miami un yate por el que pagó allí 220.000 dólares. En Buenos Aires dijo que su coste era de sólo 70.000. Para demostrarlo, falsificó la documentación. Ricardo Raúl Davicce, un funcionario de la Aduana, hermano del presidente del River, Alfredo Davicce, socio a su vez de Passarella en la compra y venta de jugadores, le avisó al entrenador que los sabuesos de la Dirección General Impositiva (DGI) estaban tras sus pasos y hace 10 días Passarella vendió el barco a'un abogado amigo de un amigo suyo por 160.000 dólares. Ese traspaso, a un valor más cercano al real, le permitiría a Passarella "justificar" su error anterior.El modesto Argentinos Juniors le reclama a la AFA los tres puntos que perdió frente al Boca en la primera jornada del torneo, cuando Maradona dio positivo en el control antidopaje. El poderoso Independiente quiere a su vez, que se le conceda a dos de sus jugadores titulares que también dieron positivo, el delantero colombiano Albeiro Usuriaga y el defensa Claudio Arzeno, el privilegio de seguir jugando como ocurrió con Maradona, porque supuestamente ellos tampoco consumieron la cocaína para mejorar su rendimiento. Las acusaciones se echan como leña a la hoguera, los programas deportivos arden, la Asociación del Fútbol Argentino se incendia y el humo no deja ver las tribunas de los campos cada vez más vacías de público y de pasión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0006, 06 de octubre de 1997.

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