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TRIBUNA

Hizo escuela

El toreo de Manolete fue muy discutido por los aficionados de la época porque traía unas formas nuevas que desdecían la regla clásica del parar, templar y mandar. Y, sin embargo, su éxito fue rotundo, alcanzó unas proporciones de popularidad sin precedentes y caló tan hondo que su estilo quedó convertido en norma para las posteriores promociones de toreros.Manolete hizo escuela y su manera de torear es básicamente la que han venido utilizando la mayoría de los toreros hasta nuestros días. Hay excepciones, y ésas son las que resaltan los aficionados de la vieja guardia. Igual que en los años 40, cuando al toreo de perfil de Manolete contraponían la sevilianía ortodoxa de un Pepe, Luis Vázquez, las posteriores generaciones de aficionados han encontrado en determinados diestros -Bienvenida, Ordóñez, Antoñete, por ejemplo- la manifestación paradigmática del verdadero arte de torear, bien distinta a la escuela manoletista que ha servido a otros toreros para mandar en las sucesivas etapas de la fiesta.

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El propio fundamento del estilo de Manolete contenía ese dramatismo que provocaba el entusiasmo de las multitudes. Pero también influyeron otros factores. A raíz de las inmigraciones que se produjeron tras la guerra civil, cambió el público y los aficionados doctos pasaron a ser minoría en las plazas. El desgarro económico se produjo también, en las ganaderías y hubo de autorizarse una disminución en el trapío y en la edad del toro, que posibilitaban un tipo de toreo impensable con el torazo habitual de los años treinta. Manolete y su época trajeron un toreo distinto, una fiesta nueva y ésa es la que hoy subsiste. Quizá desvalorizada pero, en lo esencial, la misma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de agosto de 1997