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Crítica:CINE

Todos los colores del negro

A estas alturas ya pocas dudas caben respecto a que a Spike Lee, el más popular de los cineastas negros de los últimos años, sólo le interesa abordar en sus filmes la compleja dinámica social y personal que traer aparejada la crisis del- sistema social estadounidense. Ese melting pot que sólo ha creado rígidos, terribles compartimentos estancos . pro raza y nivel de vida, abocando a un importante número de ciudadanos a una vida de segunda o tercera clase respecto al pelotón de vanguardia, blanco, anglosajón.A Lee sólo le interesa las condiciones de vida de la comunidad negra, de la cual se ha convertido no sólo en autorizado portavoz, sino en portaestandarte, sobre todo desde que, con ese monumento al maniqueismo ideológico que es Malcom X, su autopropusiera como el historiador interesado que escribe ostensiblemente desde la reivindicación intransigente y resentida.Y el hecho de que en este proceso ,el propio cineasta ha caído en un racismo de signo opuesto al que denuncia, pero racismo al fin, no parece preocuparle lo más mínimo. Según parece, a Lee sólo le interesa el juicio de los suyos: está en su derecho, en todo caso.

Get on the Bus

Dirección: Spike Lee, Guión: Reggie R. Bythewood. Fotografía: Elliot Davis. Música: Terence Blanchard. Producción Reuben , Cannon, Bill Borden y Barry Rosenbush, EE UU, 1997. Intérpretes: Richard Belzer, DeAundre Bonds André Braugher, Gabriel Casseus: Albert Hall, Ossie Davis, Hill Harper. Estreno en Madrid: Ideal Multicines (V. O. S.)

Cambio de estrategia

Que la Marcha del Millón de Hombres convocada en 1995 por el reverendo Farrakhan, ese predicador antisemita y tan racista o más aún que el propio Lee, podía ser fértil materia prima para una ficción no se le ocurrió al propio Lee, sino a la mismísima industria: es éste, aunque parezca mentira, un filme de encargo, un cambio de estrategia de Hollywood respecto a la comunidad afroamericana que tiene una importancia capital para una historia del espectáculo popular en los Estados Unidos. La apuesta de Lee a la hora de plasmar un guión ajeno se aleja un tanto del (a menudo falso), experimentalismo de sus películas anteriores, para centrarse en la peripecia de un puñado de hombres negros, de todos los colores - vitales, ideológicos, raciales- del negro, desde el mulato poli de Los Ángeles que se. siente afro, hasta el Tío Tom- que encarna el veterano actor Ossie Davis. El, filme se desarrolla dentro del autobús, dos horas y algún minuto más de discusiones y enfrentamientos, de reivindicativa camaradería, un viaje desde L. A. hasta Washington para asistir a la Marcha, mostrado con la misma estructura de La diligencia, el inmortal, clásico. de John Ford.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 1997

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