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Crítica:FLAMENCO

Un recital magistral

Fueron dos los maestros en este titulado Recital magistral: el cantaor Chano Lobato y el guitarrista Enrique de Melchor. Éste, acompañando el cante de aquél con mimo, con la exquisita justeza que los buenos guitarristas ponen para los buenos cantaores que a ellos les gustan. Esto es importante. Chano Lobato, que es un hombre generoso siempre en trasladar al guitarrista que le acompaña los aplausos y ovaciones del público, abrazaba a De Melchor conmovido. Porque este hombre, de 70 años, con casi 60 de carrera artística, no ha perdido el miedo escénico que le hace salir al público nervioso como un flan. Así salió esta noche, con nervios y envarado, pero comenzó a desarrollar su cante y ya todo fue volviendo a su ser con admirable entidad.Chano Lobato está en el secreto del cante jondo. El cante de los matices íntimos, del pellizco que eleva el sentido de una flamencura integral, de la intensidad expresiva que no es ciertamente pegar gritos a diestro y siniestro, sino ese cante a media voz que para Caracol era la esencia de la jondura. La que Chano Lobato puso, por ejemplo en la cabal, hecha casi sin poder pero transida de una emoción que lastimaba. Un maestro que siempre nos sorprende por la amplitud de su repertorio; le he oído centenares de veces, pero creo que esta fue la primera que le escuché por Levante. Admirable, como en todo.

Chano Lobato

Toque: Enrique de Melchor. Madrid, Círculo de Bellas Artes, 7 de junio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de junio de 1997