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CUMBRE DE LA UNIÓN EUROPEA

Tony Blair asegura a los líderes de la UE que desea un "papel constructivo en Europa"

La estrella del Consejo Europeo fue el nuevo primer ministro británico, Tony Blair. Los otros jefes de Estado o de Gobierno le recibieron como una bocanada de aire fresco para la construcción comunitaria. El laborista sedujo en el tono, relajó el clima y ofreció cooperación. Pero, mano de hierro en guante de seda, se mostró muy firme en la defensa de los intereses nacionales británicos. "Lagente sabe bien que el Reino Unido quiere desempeñar un papel constructivo en Europa, pero estamos determinados a defender resueltamente los intereses británicos", manifestó Blair al inicio de la cumbre.

El primer ministro británico apuntó más, al fin de la era en que la locomotora París-Bonn resultaba determinante para el tren de la UE. Lo formuló así: "Ha llegado la hora en que el Reino Unido debe jugar un papel de liderazgo en la UE, debe hablar de igual a igual con Francia y Alemania, quienes hasta ahora han dominado la UE, y debe hacerlo trabajando conjuntamente con Italia".Buscaba calmar así a su colega italiano, Romano Prodi. Blair mantuvo con él una reunión bilateral. Y es que antes, su ministro de Exteriores, Robin Cook, había evocado la vocación británica de incorporarse a un "directorio" con los dos grandes, irritando al italiano. Ahí está otra diferencia con sus antecesores, John Major y Margaret Thatcher. Estos se complacían en el aislamiento, el laborista no quiere romper puentes.

Se lo apreciaron. "El cambio de Gobierno en el Reino Unido ha levantado obstáculos" a la construcción europea, constató el austriaco Viktor Klima. "Cambia el clima de negociación, lo hace más simple y más sano", añadió el sueco Goran Persson. "Ahora tenemos una atmósfera más pragmática y menos ideológica", registró el irlandés John Brutton, aunque constató que, si bien "en algunas cuestiones hay diferencias" con Major, "en otras, no'".

El danés Poul Rasmussen también tenía qué celebrar con el líder laborista, "los socialdemócratas estamos presentes en doce de los quince Gobiernos" de la UE. A su juicio, esto redundará en "un enfoque más generoso en temas de empleo, medioambiente y ampliación".

Blair se mostró suave en las formas, pero muy firme en casi todo el fondo. En su platillo, más europeísta: la actitud dialogante; la renuncia a bloquear la reforma por las cuotas pesqueras británicas que adquieren armadores españoles y su militancia por una Europa social. Así, reiteró que Londres bendice elevar la política de empleo al Tratado, defendió la protección social y repitió que acepta adherirse al Protocolo Social, aunque pretende evitar "un alud de normativas". En el platillo más nacionalista figura la resistencia a comunitarizar las políticas de Justicia e Interior. Para Blair, el control de fronteras y de la inmigración es una competencia nacional "sacrosanta". Pero el presidente de la Comisión, Jacques Santer, destacó que está dispuesto a comunitarizar algunos de esos asuntos progresivamente, en un período de entre tres y cinco años.

En cuanto a política exterior, el líder británico opinó que "las propuestas que hay sobre la mesa no son realistas". Está en contra, como Major, de una política exterior por mayoría cualificada y de integrar a la Unión Europea Occidental (UEO) en la UE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de mayo de 1997

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