Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un problema de difícil solución

Las autoridades francesas y de la Unión Europea han reaccionado con frialdad a los ataques contra los cargamentos españoles de frutas y hortalizas. Las soluciones al contencioso no son fáciles. Hay otros motivos por los cuales es difícil el acuerdo.El sector agroalimentario francés tiene un gran peso en el país, no solamente económico, sino social. Los agricultores son decisivos en cualquier confrontación electoral como la que se va a producir el domingo y ninguna Administración va a actuar en su contra. No se puede esperar que el Gobierno francés meta en la cárcel a sus agricultores violentos.

Además, Bruselas actúa con lentitud. La Comisión Europea ha reconocido su incapacidad para adoptar sanciones contra Francia.

La respuesta con acciones violentas contra camiones franceses en suelo español o con el bloqueo de las fronteras tienen una dudosa eficacia. Pueden hacer que los franceses reduzcan sus agresiones o agudizar la violencia a ambos lados de la frontera.

España corre, además, mayores riesgos. El grueso de sus exportaciones son productos frescos, mientras Francia exporta a España, sobre todo, productos transformados, menos susceptibles de perder valor por las alteraciones del libre tráfico.

Los agricultores españoles promueven campañas para boicotear los productos franceses. Pero, en este caso, se choca con la falta de concienciación del consumidor español que, en general, adquiere el producto sin mirar su procedencia y sólo por el precio.

La respuesta puede venir por la vía del Tribunal Europeo de Justicia, pero será muy lenta. El tribunal aún tiene que dar a conocer su sentencia por agresiones de hace dos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de mayo de 1997