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"Moriría por Zaire, no por Mobutu"

Los soldados de Kinshasa no están dispuestos a defender al dictador cuando lleguen los rebeldes

ENVIADO ESPECIALPaul tiene 20 años. Empuña desganado un Kaláshnkov con cuatro cargadores unidos por una cinta. Sólo sus horrendas gafas verdes foforescentes desentonan con su uniforme de campaña. Es uno de los 30 o 40 boinas negras con misión de defender el moderno y ya desvencijado edificio de la televisión. Un lugar estratégico. "Soy un soldado; si llegan los rebeldes hasta aquí tendré que luchar, pero no estoy nada seguro de que podamos vencerles". A su lado, Mathieu, masca chicle gastado y asiente cariacontecido. "Este es un trabajo sin paga. Es difícil saber cómo vamos a reaccionar". Las Fuerzas Armadas de Zaire (FAZ), el Ejército regular de Mobutu Sese Seko, no ha presentado resistencia en estos seis meses de guerra. Sólo saquean y huyen. Sin salarios, armas o entrenamiento, resulta ser una banda desmoralizada y peligrosa. "Las FAZ son un enemigo del pueblo. Actúan como fuerzas de ocupación, con gran brutalidad e impunidad", afirma un diplomático. "La gente les odia. Esa es la base política de Kabila, la razón de sus victorias".

El anuncio de los rebeldes de que la decisiva batalla de Kinshasa iba a comenzar este fin de semana puede tomarse en serio o como un envite psicológico. Ya les dio resultado en Kisangani y Mbuyi Maji. Pero aquí, en la capital, la situación es espacial: las FAZ no tienen otro sitio a donde huir.

"Estoy dispuesto a morir por mi país, pero no por Mobutu", dice un soldado de la Guardia Civil, una unidad represora que hasta hace poco mandaba el temido general Baramoto, uno de los pilares del mobutismo. "Tengo mujer y dos hijos. Sé que este uniforme me obliga a luchar, pero no debo olvidar que yo no tengo dinero para cruzar el río [Zaire] e irme al exilio. Si ganan los rebeldes de monsieur Kabila tendré que convivir aquí con ellos".

Este hombre, armado con un puñal con empuñadura de marfil, no desea decir su nombre. Tiene miedo. En su canana al cinto habitan solitarias tres balas de pequeño calibre. Son de su pistola. Es todo su armamento. "Aquí [en Kinshasal, tal vez haya lucha, pero no creo que muchos soldados estén dispuestos a dar la vida por un sistema que nadie quiere. La gente pide el cambio. Yo también, yo también quiero elecciones y democracia. Mis [dos] hijos necesitan tener un futuro mejor que el mío".

La supervivencia de Mobutu depende de cuatro personas: el primer ministro, general Likuna; el titular de Defensa, general Mahele (muy popular porque se enfrentó a tiros contra los soldados que saquearon Kinshasa en 1993); el general Baramoto, ahora asesor de Mobutu para temas de seguridad, y el general Nzimbi, máximo jefe de la pretoriana División Especial Presidencial (DSP), una fuerza de élite (cobra 30 dólares al mes) de 20.000 hombres, aunque sólo 5.000 están en. disposición de presentar batalla.

El problema del aún presidente de Zaire es que los dos primeros son responsables del desastre militar en el Este y que los cuatro tienen reservado su billete de salida en el avión presidencial.Ninguno va a renunciar a una vida cómodamente financiada por años de corrupción. ¿Y qué harán los mandos intermedios que no puedan salir del país? Un soldado de la guardia de la presidencia se lo explicó a un periodista norteamericano con sencillez: "Zaire es mi madre. Mobutu es mi padre. Si madre decide cambiar de padre y este se llama Kabila, Kabila se convierte en mi nuevo padre".

Las últimas conquistas rebeldes en llebo y Tshikapa demuestran que su avance es muy rápido. Ya están en las puertas de Kikwit. La radio de Mobutu denunció el viernes que soldados angoleños habían cruzado la frontera de Cabinda. Sea cierto o no, es una prueba de la preocupación del régimen por el frente oeste. Allí, en Cabinda, y en el norte de Angola, hay soldados katangueños (los gendarmes secesionistas de Shaba de los años sesenta), prestos a lanzarse al ataque. Los dos objetivos naturales son el puerto de Matadi y la presa de Inga. Con ello, los rebeldes cortarían el suministro de alimentos y energía a Kinshasa. Sería un golpe espectacular. La prueba de que el final es próximo e inevitable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de abril de 1997