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Editorial:

La hora americana

LA ASAMBLEA de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), clausurada el miércoles en Barcelona, suscita dos consideraciones relevantes. Por una parte, las buenas expectativas de crecimiento en las economías latinoamericanas; por otra, la capacidad de atracción de inversiones de origen español que se ha demostrado desde principios de esta década. Si los años ochenta fueron la década perdida para aquella región, pasto del endeudamiento externo y de la nefasta administración de Gobiernos en muchos casos distantes de la democracia, los noventa reflejan su rehabilitación económica y política, tras un proceso de reformas que ha. superado el círculo vicioso de elevadas tasas de inflación y bajo crecimiento.La crisis financiera mexicana de diciembre de 1994 no fue sino una inflexión en esa trayectoria hacia la integración internacional de aquellas economías. Ahora, la generalidad de los analistas anticipan un largo periodo de crecimiento económico sostenido, amparado en el dinamismo de las exportaciones y de la inversión, que seguirá actuando como principal factor de atracción del capital extranjero. En la mayoría de los países, reducidos niveles de déficit y deuda públicos coexisten con bajas tasas de inflación, hasta el punto de que algunos satisfacen los obsesivos criterios de Maastricht.

En un aspecto, y no poco preocupante, el subcontinente sigue exhibiendo los lastres del pasado: la manifiesta desigualdad en la distribución de la renta y de la riqueza. Existen elevadas tasas de desempleo o, en algunos países, un manifiesto subempleo. Tras esta situación sigue pesando, además de un notable crecimiento demográfico, como demuestra el informe que ha presentado el BID, la dificultad para extender la educación a zonas amplias de los países y el mantenimiento de múltiples ineficiencias y focos de corrupción en los sectores públicos. La prolongación del crecimiento económico puede paliar esos problemas sociales, pero debe ir acompañada de programas específicos que reduzcan esas desigualdades. El BID ha de prestar una atención especial a los países más pobres de la región (Haití, Honduras, Nicaragua, Bolivia y Guyana), receptores de una parte mínima de los fondos del banco. La falta de acuerdo para la ampliación de los recursos con que se ha despedido la asamblea no facilitará la asunción de estas prioridades.

A esta consolidación del crecimiento económico en la región han contribuido de forma notable algunas empresas españolas, cuyas inversiones han actuado como dinamizadores importantes. España es hoy el principal inversor europeo en la región. Destina a Latinoamérica más capitales que a la Unión Europea. Así, el valor de mercado de las inversiones de Telefónica Internacional en la zona supera los 5.000 millones de dólares y las de los principales bancos rebasan los 4.000 millones de dólares. El Santander y el BBV son el tercer y el cuarto bancos de América Latina por volumen de activos. Esta penetración inversora ha estado protagonizada hasta ahora por un número reducido de empresas; pero se han establecido bases sólidas para que empresas de menor tamaño hagan lo propio en una región que, más allá de los tópicos, es un diferencial atractivo para nuestra economía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de marzo de 1997